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Airela y los Vientos de Ensueño

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Portada de Airela y los Vientos de Ensueño
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Airela y los Vientos de Ensueño

La pequeña magia que eleva los sueños y a los que más lo necesitan.

imaginación ayuda a otros magia nocturna
Airela, una cometa dragón, cuelga de la pared de una habitación infantil bajo la luz de la luna.

En la pared de una pequeña habitación, donde los rayos de luna se colaban sigilosos, vivía Airela. No era una cometa cualquiera, sino una cometa dragón, de escamas verdes esmeralda y una cola que bailaba al viento aunque no hubiera brisa. Durante el día, parecía una guardiana dormilona, pero al caer la noche, cuando el niño Juanito cerraba sus ojitos soñadores, Airela despertaba con un secreto mágico.

Airela la cometa dragón captura tres sueños brillantes con sus garras de papel, mientras un búho la observa.

Con un suave ¡Psss!, como un suspiro de seda, Airela extendía sus alas de papel. Su misión era delicada y dulce: capturar los sueños que flotaban por la habitación. Uno que olía a galletas recién horneadas, dos que parecían burbujas de jabón, y tres que brillaban como estrellas fugaces. Los sueños, suaves como nubes de algodón, se enredaban gentilmente en sus garras de cartón, flotaban, flotaban, flotaban, listos para su transformación.

Airela sopla corrientes de aire mágico que elevan a un búho, una golondrina y un murciélago en el cielo nocturno.

Airela, con un aleteo apenas audible, los convertía en suaves soplos de aire, corrientes cálidas y amables. Afuera, los pequeños pájaros nocturnos, como el búho Búho que buscaba bellotas, esperaban. Una noche, Búho se acercó a la ventana, con sus ojos redondos como canicas.
—¡Oh, Airela! —graznó, con un canto casi susurrante—. ¿Tendrás un poquito de esa magia para mí?
—Claro que sí, amigo Búho —respondió Airela, y sopló una corriente de ensueño.

Airela observa feliz cómo los pájaros nocturnos, incluyendo el búho Búho, vuelan más alto gracias a sus corrientes de aire.

Con esa corriente de ensueño, Búho sintió una fuerza invisible que lo elevaba. Subió, subió, subió, como si fuera empujado por hilos mágicos. No solo Búho, sino también la golondrina Gris y el murciélago Miguel usaban esos vientos especiales para volar, volar, volar más alto, más lejos, más libre. Airela observaba desde la pared, su corazón de papel latiendo feliz. Ella sabía que su trabajo nocturno, aunque invisible, hacía una gran diferencia.

Airela, la cometa dragón, sonríe mientras las estrellas brillan, simbolizando la magia de ayudar a otros.

Y así, noche tras noche, la cometa dragón Airela tejió corrientes de aire con los sueños de los niños. Aprendió que no importa dónde estés o cuán pequeña parezca tu tarea, siempre puedes usar tu magia para ayudar a los demás a alcanzar nuevas alturas. Porque incluso un simple soplo de bondad puede llevar a alguien a volar más allá de las estrellas.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?