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Trompo Rueda y el Viento de…

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Portada de Trompo Rueda y el Viento de Cuentos
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Trompo Rueda y el Viento de Cuentos

La magia de ayudar a elegir historias y unir amigos.

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Trompo Rueda gira y hace flotar páginas de un libro en las manos de Lucía.

Yo era solo un trompo de madera, Trompo Rueda de nombre, con alegres rayas de rojo, azul y amarillo. Mi hogar era la gran y soleada habitación de juegos, justo al lado de la imponente estantería. Cada día, veía a los niños, como la pequeña Lucía, coger libros, a veces suspirando porque no podían decidir. Yo sentía una pequeña punzada en mi corazón. Quería ayudar, pero era solo un trompo.

Una tarde, Lucía estaba indecisa, sus ojos grandes como canicas. —¡Ay, Trompo Rueda! —me dijo—, ¿Cuál es la mejor aventura? Yo, con mi deseo de ayudar, giré, y giré, y giré tan rápido como un colibrí. Y entonces, ¡puf! Un suave viento invisible salió de mí. Las páginas del libro abierto de Lucía se alzaron, flotando como hojas de otoño. Ella abrió los ojos, sorprendida. —¡Mira! —exclamó, señalando una página que se quedó un poco más alta. Pero el viento se desvaneció.

Trompo Rueda hace que las páginas de varios libros bailen alrededor de Lucía.

Al día siguiente, otra vez Lucía no sabía qué leer. —Trompo Rueda, ¿me ayudas otra vez? —preguntó. Yo recordé el truco. Cerré los ojos de mi imaginación y me concentré. ¡Giro y giro, cuento un suspiro, una aventura te inspiro! Giré de nuevo, esta vez con más fuerza, como un pequeño tornado de alegría. El viento de cuentos volvió, más constante. Las páginas de varios libros abiertos, no solo uno, danzaron en el aire, ligeras como plumas. Lucía sonrió y tocó una que bajó suavemente. —¡Esta! —dijo. ¡Qué emoción sentí!

Trompo Rueda une a Lucía y Mateo con un viento de cuentos que les trae una historia.

Pocos días después, un nuevo niño, Mateo, llegó a la sala de juegos. Estaba un poco tímido, sentado solo, mirando los libros pero sin atreverse a tomar ninguno. Lucía se acercó a él. —Mateo, ¿quieres que Trompo Rueda te ayude a elegir? —preguntó. Mateo asintió, susurrando: —Sí, por favor. Yo sabía que esta era mi oportunidad de hacerle sentir bienvenido. Yo giré, yo giré, yo giré con todo mi corazón. Mi viento de cuentos se hizo grande y cálido, como un abrazo invisible. Todas las páginas de los libros cercanos se elevaron y giraron a nuestro alrededor, como una bandada de pájaros de papel. Mateo rió, y Lucía también. ¡Giro y giro, cuento un suspiro, una aventura te inspiro! Una página de un cuento sobre un dragón amigable flotó directamente hacia Mateo.

Desde aquel día, me convertí en el guardián de las historias. Cada vez que un niño no sabía qué leer, o cuando alguien se sentía un poco solo, yo estaba allí. Mi viento de cuentos no solo elegía aventuras, sino que también unía a los niños, haciéndolos compartir risas y descubrimientos. Entendí que mi magia no era solo hacer volar páginas, sino hacer volar la imaginación y el corazón de la amistad.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?