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Saltarina y los Susurros del Patio

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Portada de Saltarina y los Susurros del Patio
7 años 4 min

Saltarina y los Susurros del Patio

Una pequeña piedra descubre el poder mágico de los sueños infantiles.

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Una piedra lisa llamada Saltarina en un patio de recreo, siendo lanzada por una mano de niña, con destellos de magia a su alrededor.

Saltarina era una piedrita lisa y redonda, tan pulida como un caramelo de río. Pasaba sus días en el patio de la escuela, bajo el sol brillante, esperando el momento de ser elegida. Lo que más adoraba en el mundo era el juego de la rayuela, ese ¡Plaf! satisfactorio cuando caía en una casilla, o el ¡Toc! suave al rebotar de mano en mano. Para ella, el mundo era un lienzo de colores vibrantes y risas infantiles, y su mayor sueño era saltar y saltar, como si fuera una pequeña bailarina.

Saltarina aterrizando en la casilla tres de la rayuela, rodeada de burbujas de deseos de niños como un perro volador y un dragón de nubes.

Una mañana de cielo azul cobalto, Lucía, una niña de coletas largas, la recogió con cuidado. Saltarina sintió un escalofrío mágico mientras volaba por el aire, como una pluma de pájaro. Cayó con un suave ¡Bum! en la casilla número uno. Pero esta vez, algo fue diferente. No solo sintió el impacto; escuchó. Una vocecita le susurró: —Hoy quiero dibujar un dragón que escupa nubes de algodón de azúcar.— Saltarina, sorprendida, murmuró para sí: —¿Un deseo? ¿Lo he escuchado yo?— Era como si el aire se hubiera llenado de chispitas de luz.

Saltarina al atardecer, rodeada de un aura brillante de deseos recogidos, en un tranquilo patio de juegos con colores cálidos.

Lucía la lanzó de nuevo. Saltarina voló y aterrizó en la casilla número dos. Esta vez, escuchó: "Quiero construir la torre de bloques más alta del mundo." Luego, con otro lanzamiento, cayó en la casilla número tres, y un nuevo deseo floreció en su interior: "¡Deseo que mi perrito Fluffy vuele con alas de mariposa!" Cada vez que aterrizaba, cada vez que sentía el contacto del suelo, un nuevo sueño, una nueva idea divertida y colorida, se desplegaba en su pequeño corazón de piedra.

Los deseos danzaban en su interior como pequeños duendes luminosos, llenando a Saltarina de una calidez que nunca antes había conocido. Ya no era solo una piedra para jugar a la rayuela; se había convertido en una guardiana silenciosa de las fantasías infantiles. Sentía la responsabilidad, pero también la alegría inmensa de ser el cofre secreto de tantas esperanzas. Miraba a los niños correr y reír, y cada risa era un hilo más que se tejía en la alfombra de sus nuevos poderes.

Al caer la tarde, cuando el sol teñía el cielo de tonos anaranjados y violetas, Saltarina descansaba en el borde de la rayuela. Ya no era la misma piedra de la mañana. Había despertado a un propósito maravilloso. Cerró sus "ojos" de piedra y revivió todos los deseos del día, sabiendo que, aunque las horas pasaran, ella los guardaría a salvo. Era la guardiana de los sueños, una pequeña piedra que había descubierto que la verdadera magia no está solo en rebotar, sino en escuchar y cuidar la imaginación más preciada de los niños.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?