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Rulitos y el Baile de Sombras

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Portada de Rulitos y el Baile de Sombras
5-6 años 3 min

Rulitos y el Baile de Sombras

La alegría de ser uno mismo.

animales autoestima transformación
Rulitos, la oruga, moviéndose lentamente mientras otras orugas corren.

Había una vez, en un prado lleno de hojas verdes y jugosas, una pequeña oruga llamada Rulitos. Era la más lenta y remolona de todas las orugas, y siempre llegaba última a los banquetes. Mientras sus amigas corrían con muchísimas patitas, Rulitos avanzaba despacio, observando las florecillas y las gotitas de rocío, sintiéndose a veces un poco sola y frustrada por su ritmo.

Rulitos descubre su sombra alargada por el sol al atardecer.

Un atardecer, cuando el sol pintaba el cielo de tonos anaranjados y rosados, Rulitos se detuvo. En lugar de correr tras las demás, miró su sombra. El sol, bajo y juguetón, la alargaba sobre la hierba, haciéndola enorme. Con los ojos muy abiertos, Rulitos vio cómo, al mover una de sus muchísimas patitas, su sombra cambiaba, ¡parecía la cola de un perrito! Al mover otra, ¡era como un pajarito a punto de volar!

Rulitos baila con su sombra, y las mariposas se unen.

Una risita se escapó de sus labios de oruga. Lentamente, Rulitos empezó a mover sus muchísimas patitas, una a una, luego todas juntas, creando figuras curiosas con su sombra. ¡Era un "Baile de Sombras" divertido! Poco a poco, las sombras de animales y formas fantásticas se movían sobre la hierba, como un ballet mágico. Algunas mariposas que volaban cerca, atraídas por la alegría, se unieron al juego, moviendo sus alas para crear sus propias sombras danzarinas.

Rulitos, feliz y rodeada de amigos, dirige el Baile de Sombras al atardecer.

Rulitos nunca se hizo más rápida, ni dejó de ser un poco remolona. Pero su imaginativo "Baile de Sombras" la convirtió en la oruga más querida y en la maestra de la diversión en el bosque. Cada atardecer, en lugar de una carrera, las orugas y mariposas se reunían para disfrutar de un ballet mágico, lleno de risas y sombras danzarinas, aprendiendo que cada uno tiene su propio ritmo y su propia manera especial de brillar.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?