Los conejos del Bosque Chiflado, con sus orejas saltarinas, tenían una idea genial.
—¡Organizaremos la lluvia de zanahorias más divertida de todas! —dijo Saltarín, moviendo su nariz.
—¡Sí! ¡Que caigan del cielo como gotas de color naranja! —añadió Brincos, dando pequeños saltitos.
—Usaremos el tirachinas gigante —murmuró Pelusa, con una sonrisa pícara.