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Rosita y el Camino de Estrellas

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Portada de Rosita y el Camino de Estrellas
7 años 4 min

Rosita y el Camino de Estrellas

La velocidad de una oruga puede iluminar el camino para todos.

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Rosita la oruga veloz pasa zumbando junto a un girasol sonriente.

Desde mi alto perchero de girasol, observo todo el jardín. Y déjenme decirles, no hay oruga más veloz que Rosita. ¡Ni la más escurridiza! Sus patitas, rápidas como un rayo, la llevan de hoja en hoja, siempre buscando la más fresca, la más verde, la más jugosa. ¿Por qué tanta prisa, Rosita? —pienso yo, el Girasol Sabio, mientras ella zumba por debajo de mis pétalos, una manchita verde que casi no se ve. Su mayor preocupación es llegar antes que nadie a la mejor ensalada del día.

Rosita descubre huellas brillantes al salir de un charco, mientras Lenta se ve perdida.

Un día, la lluvia deja un charco tan grande, tan enorme, que parece un lago para las orugas. Rosita, sin dudarlo, se lanza a cruzarlo. ¡Chapuzón! Sus patitas se hunden y, al salir, nota algo curioso. Detrás de ella, sobre el barro mojado, no hay huellas normales, ¡sino pequeños puntos de luz que brillan como si fueran pedacitos de estrellas caídas! Uno, dos, tres destellos, y luego más, formando un camino reluciente. —¿Pero qué es esto? —murmura, con sus antenitas temblorosas de asombro. Justo entonces, ve a Lenta, la oruga más despistada del jardín, dando vueltas en círculos cerca del borde del charco, sin saber cómo cruzar.

Rosita piensa en un plan al ver sus huellas brillantes y a Lenta chocando con un caracol.

Rosita se detiene. ¿Será posible? Sus huellas se secan y dejan atrás un sendero de purpurina. Podría ser un truco de magia, o quizás, ¡quizás sus patitas tienen superpoderes de hada! Lenta, con sus gafas empañadas de rocío, sigue lamentándose. —¡Ay, ay, ay! ¡Me perderé la hoja de trébol más crujiente! ¡Nunca llego a tiempo! —exclama, casi chocando con un caracol dormilón. Rosita mira su rastro brillante y luego a Lenta. Una idea loca y divertida burbujea en su cabeza de oruga. ¿Y si su velocidad, en vez de solo para ella, sirviera para algo más grande y más chispeante?

Rosita crea caminos de estrellas en el charco y otras orugas los siguen.

Rosita toma una decisión. Con un zoom veloz, cruza el charco una y otra vez, de un lado a otro, como un pequeño tren de purpurina. ¡Chis-chis-chis! Cada vez que pasa, sus patitas dejan una línea más clara, más brillante, un verdadero camino de estrellas sobre el barro. Lenta, al ver el sendero luminoso, abre sus ojos como platos. —¡Un camino mágico! ¡Rosita, has hecho un puente de estrellas! —grita con alegría, y sin pensarlo, sigue las luces parpadeantes. Pronto, una oruga curiosa, luego dos, y después tres más que siempre se perdían o llegaban tarde, ven el fulgor y se unen a la divertida procesión.

Rosita lidera a orugas felices por un camino de estrellas hacia una hoja gigante.

Desde ese día, Rosita no solo es la oruga más rápida, sino también la más generosa y la mejor amiga. Sus patitas, al cruzar los charcos, siempre dibujan senderos estelares. Las orugas lentas nunca más se pierden, y siempre llegan a tiempo a sus hojas frescas, ¡gracias a los mapas brillantes de Rosita! ¿No es increíble cómo la velocidad de una oruga puede iluminar el camino para todos? Y así, el jardín se llena de risas, purpurina y la certeza de que ayudar a un amigo es la aventura más brillante de todas.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?