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Peque y los Viajes de Color

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7 años 5 min

Peque y los Viajes de Color

Descubre la magia que hay en tu corazón, ¡hasta el botón más pequeño puede brillar!

autoconfianza magia resiliencia descubrimiento alegría
Peque, el botón del ascensor, con una expresión curiosa.

Peque era un botón de ascensor, redondito y brillante, en un edificio tan alto que rascaba las nubes. Se sentía pequeño y un poco aburrido. Su trabajo era simple: la gente lo presionaba, ¡BEEP!, y la cabina subía o bajaba con un suave zzzzshhh. Pero un día, algo raro pasó. Una niña lo pulsó con fuerza, y por un instante, Peque sintió un cosquilleo mágico, como si una luciérnaga juguetona le hiciera cosquillas por dentro. La cabina, por un segundo, pareció tintineante, como un arcoíris escondido.
—¿Viste eso? —preguntó Peque a su vecino, el botón de la planta 5.
—¿Ver qué? —murmuró el 5, bostezando. Peque se quedó pensativo.
¡BEEP, BEEP, qué emoción, un viaje de color!

El ascensor se transforma en un bosque verde, con pasajeros asombrados.

Peque decidió investigar su misterio brillante. Cada vez que alguien lo pulsaba, él intentaba concentrarse. Un día, una señora con un sombrero enorme lo presionó para ir al piso diez. Peque cerró sus ojitos de botón, ¡CLIC!, y empujó con todas sus fuerzas de botoncito. De repente, la cabina no era gris, ¡sino de un verde esmeralda! Las paredes se llenaron de enredaderas imaginarias y el aire olía a hierba recién cortada. Los pasajeros, con ojos como platos, miraban asombrados.
—¡Oh, qué maravilla! —exclamó la señora del sombrero.
Peque sintió un corazón de botón latir muy rápido. ¡Lo había logrado!
Desde ese día, Peque practicaba sin parar. Al principio, era difícil, como intentar atrapar una mariposa invisible. A veces, la cabina solo se ponía un poco azulita, como un charco pequeño, o un poco verdosa, como una lechuga. Pero con cada BEEP y cada CLIC, Peque se hacía más fuerte y seguro. Aprendió que no solo se trataba de ser presionado, sino de la intención y la alegría que ponía en su "trabajo". Se dio cuenta de que su secreto era su propia confianza.
¡BEEP, BEEP, qué emoción, un viaje de color!

El ascensor se convierte en un océano azul, y un niño triste sonríe.

Un martes por la tarde, un niño con gafas que parecía muy triste entró en el ascensor. Sus hombros estaban caídos como ramas viejas. Peque sintió un pellizco de tristeza y decidió que ese viaje tenía que ser especial. El niño lo pulsó para ir al piso 7. Peque respiró hondo, cerró sus ojitos y pensó en la cosa más alegre que podía imaginar: un océano azul profundo con peces de todos los colores. Empujó con toda su energía mágica. La cabina se iluminó con un azul tan intenso que parecía que se podía nadar en ella. Burbujas imaginarias subían y bajaban con un suave "glu-glu".
—¡Guau! —exclamó el niño, y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.
—¡Es como magia! —dijo la abuelita que lo acompañaba.
Peque sintió una oleada de felicidad. Se dio cuenta de que no era solo un botón; era un creador de sonrisas, un mago de los viajes. Su poder no venía de ser grande o ruidoso, sino de su corazón valiente y su deseo de hacer felices a los demás. Cada vez que alguien lo presionaba, Peque se hinchaba de orgullo. Ya no era un botón cualquiera; era Peque, el botón que pintaba la vida. Y todos los días, con un BEEP y un CLIC, demostraba que hasta el más pequeño puede tener la magia más grande.
¡BEEP, BEEP, qué emoción, un viaje de color!

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?