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Palita y las Melodías Nocturnas

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5-6 años 4 min

Palita y las Melodías Nocturnas

Hasta el objeto más pequeño puede traer alegría y conexión.

inclusión magia noche amistad música
Palita, una cuchara de madera, sola en un cajón oscuro bajo un cielo estrellado.

Desde mi alto puesto en el cielo estrellado, yo miro la casa dormir. ¡Qué noche tan tranquila! ¡Qué luna tan plateada! Abajo, en la cocina, en el fondo de un cajón oscuro, está Palita. Es una pequeña cuchara de helado de madera, un poco olvidada entre los tenedores grandes y las cucharas brillantes. Ella suspira suavemente, deseando hacer algo especial. Las risas dormidas, bajo las estrellas, ¡qué dulces destellos!

Palita golpea un cuenco vacío y de él salen notas musicales brillantes.

Una noche, Palita escucha el silencio. Es un silencio tan grande que le da una idea. Se asoma por el borde del cajón y ve un cuenco vacío en la encimera. ¡Qué cuenco tan redondo! ¡Qué brillo tan limpio! Con su cabecita de madera, Palita golpea el borde: ¡Tac! Y algo mágico ocurre. Una risita muy suave, como burbujas, sale del cuenco. Palita lo intenta de nuevo.

—¿Hola? —susurra Palita al cuenco—. ¿Hay alguien ahí?
Y el cuenco, que antes estaba tan callado, le devuelve un eco juguetón.

Palita toca varios cuencos, rodeada de burbujas brillantes de risas y conversaciones.

Palita descubre que cada cuenco vacío guarda un poquito de la alegría de los niños que comieron en ellos. Sí, Palita puede sentirlo. Sí, Palita puede escucharlo. Golpea un cuenco de sopa y escucha conversaciones de la cena. Golpea un cuenco de cereales y oye risas de la mañana. Por la noche, cuando todos duermen, Palita libera esas melodías. Las risas y las palabras vuelan por la cocina como pequeños duendes de luz, llenando el aire de un calor especial. No se siente sola, porque comparte la alegría de todos. Las risas dormidas, bajo las estrellas, ¡qué dulces destellos!

Palita descansa, rodeada de melodías, mientras una estrella brillante y la luna observan desde el cielo.

Gracias a Palita, la casa no está nunca del todo en silencio. Esas suaves melodías se mezclan con el aire fresco de la noche, arrullando los sueños de todos. Incluso las estrellas, como yo, brillamos un poquito más fuerte al escucharlas. Palita sabe que su magia es un regalo, un puente entre el día y la noche, entre los que están y los que ya se fueron a dormir. Y mientras ella sigue su dulce tarea, yo, la pequeña estrella titilante, me siento feliz de ver que incluso una cuchara olvidada puede hacer el mundo un lugar más cálido. Las risas dormidas, bajo las estrellas, ¡qué dulces destellos! Y así, la noche se vuelve aún más serena, invitando a todos a descansar.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?