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Nuno y la Chispa Valiente

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Portada de Nuno y la Chispa Valiente
5-6 años 6 min

Nuno y la Chispa Valiente

Descubre cómo un pequeño resbalón puede llevarte a la aventura más grande.

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Nuno, un ser brillante con ojos curiosos, mira un tobogán gigante en un parque soleado.

Tú, pequeño Nuno, con tu cuerpo de brillo iridiscente y tus dos ojos curiosos como canicas azules, un día flotaste hacia el parque del barrio. Nuno, quien era la mismísima Curiosidad personificada, tenía una habilidad especial: al tocar algo, lo hacía relumbrar con su propia historia secreta, pero a veces, se quedaba un poco aturdido por los detalles. Viste el gigantesco tobogán, alto como una torre de algodón de azúcar, y lo tocaste. Un suave zumbido vibró en tus dedos y el tobogán brilló por un instante, mostrándote risas pasadas y bajadas vertiginosas. Sentiste una pizca de miedo, una pequeña burbuja en tu pancita de luz, porque el tobogán parecía demasiado empinado, demasiado resbaladizo, demasiado veloz.

Pero la curiosidad, esa chispa que te hacía ser tú, te empujó. Decidiste subir la escalera más alta del tobogán. Cada peldaño era un pequeño reto. En el peldaño número tres, tu pequeño cuerpo de luz se tambaleó un poco, como una gelatina temblorosa, y te sentiste tentado a quedarte a explorar una mancha de musgo brillante. ¿Podrías llegar hasta arriba? Una voz juguetona, como el tintineo de un carillón, pareció decirte: —¿Nuno, Nuno, qué te detiene? —Y tú, con un suspiro brillante, respondiste: —¡Nada, nada, mi curiosidad me mantiene! Te aferraste a la barandilla, un hilo de luz que subía contigo, y seguiste ascendiendo, paso a paso, sintiendo tu corazón de luz latir un poco más fuerte con cada avance. ¡Qué valiente, Nuno, con tu chispa de luz, en cada paso que das, tu magia reluz!

Nuno, el ser brillante, sube las escaleras del tobogán, sintiéndose un poco inestable pero decidido.

Superaste el musgo y el mareo momentáneo, y peldaño tras peldaño, llegaste al peldaño número 33, el último antes de la plataforma de lanzamiento. Desde allí arriba, el parque se veía como un mapa de sueños: los columpios se balanceaban como brazos que saludaban al cielo, las flores parecían pequeños soles y las risas de los niños de abajo subían hasta ti como burbujas de alegría. Tocaste la barandilla de la cima, y esta se iluminó con todas las historias de valentía de quienes se habían deslizado antes. Viste el inicio del tobogán, una curva lisa y plateada, que prometía un viaje rápido. Tu corazón de luz titilaba con una mezcla de emoción y un poquito de nerviosismo, como una luciérnaga indecisa.

De repente, un pequeño resbalón, un pasito en falso en el borde de la plataforma, te hizo sentir un escalofrío. ¡Uy! Tus pequeñas manos de luz buscaron algo a lo que aferrarse y, en lugar de la barandilla, te agarraste a una mariposa de mil colores, que pasaba revoloteando justo en ese instante. Era una mariposa tan azul como el mar y tan verde como la hierba, con alas que parecían hechas de purpurina de estrellas. —¿Oh, Nuno, Nuno, qué has encontrado? —canturreó la mariposa con una voz suave como el viento.

Nuno, el ser brillante, está en la cima del tobogán, sostenido por una mariposa de mil colores, mirando sorprendido.

Y tú, asombrado, descubriste que no habías caído. La mariposa te sostenía suavemente, y al tocarla, sentiste una ráfaga de confianza que te invadió. ¡Qué valiente, Nuno, con tu chispa de luz, en cada paso que das, tu magia reluz!

La mariposa te guiñó un ojo con una de sus mil escamas brillantes y te dio un pequeño empujón juguetón. Ya no sentías miedo, solo una emoción burbujeante que te llenaba. Te sentaste en el borde del tobogán, respiraste hondo, y te deslizaste. ¡Uiiiiii! Bajaste por la curva lisa y plateada como un rayo de luz, dejando una estela brillante a tu paso que se mezclaba con las risas y los colores del parque. Fue la bajada más divertida que jamás hubieras imaginado. Cuando llegaste al final, tus ojos curiosos brillaban más que nunca, y te sentías grande, fuerte y capaz. Habías descubierto que la verdadera valentía no era no tener miedo, sino deslizarte de todos modos. ¡Qué valiente, Nuno, con tu chispa de luz, en cada paso que das, tu magia reluz!

¡Qué cuento tan bonito!

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