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Miel y los Abrazos ¡Fruuuush!

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Portada de Miel y los Abrazos ¡Fruuuush!
5-6 años 4 min

Miel y los Abrazos ¡Fruuuush!

Un oso de peluche descubre la magia de los abrazos que arropan con mucha curiosidad y diversión.

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Miel, un oso de peluche, frotándose contra un dinosaurio que baila y ríe de forma absurda.

Miel, un oso de peluche muy mullido y misterioso, vivía olvidado en el fondo de una caja de juguetes suaves. Pero, ¿sabes qué? Miel era muy curioso. Un día, mientras te miraba desde su rincón, notó que al frotar suavemente su pata contra el borde de una manta, ¡dejaba un brillo diminuto y casi invisible! —¿Qué será esto? —se preguntó, su ojo de botón brillando con intriga—. Decidió probar su magia. Vio a un pequeño dinosaurio de plástico, el Rex Gruñón, que siempre parecía tener frío. Miel se acercó y, con todo su corazón de peluche, se frotó contra él: ¡Fruuuush! ¿Y qué crees que pasó? El Rex Gruñón no se sintió arropado, ¡sino que empezó a bailar la danza del espagueti, moviendo su cola como un loco y soltando risitas ¡Ji-ji-ji! sin parar! Miel parpadeó. Eso no era exactamente un abrazo que arropa, ¿verdad?

Miel, el oso de peluche, frotándose contra una nube que flota y pedalea en el aire.

Miel, aunque un poco sorprendido por el baile del Rex, no se desanimó. ¡Era increíblemente perseverante! Pensó: «Quizás necesite un poco más de… magia de peluche». Su mirada curiosa se posó en Nube, una almohada con patitas que siempre estaba flotando y bostezando. Nube parecía necesitar un buen abrazo silencioso más que nadie. Miel, con una determinación peluda, se acercó y frotó, frotó y frotó con más fuerza: ¡Fruuuush-fruuush! ¿El resultado? Nube no solo bostezó ¡Aaaaaah! más grande que nunca, sino que empezó a flotar ¡más alto! Y, lo más gracioso, sus patitas empezaron a pedalear en el aire como si estuviera montando una bicicleta invisible. —¡Ay, Nube! —suspiró Miel—, ¿por qué no te arropas? Esto es muy divertido, pero no es un abrazo silencioso que arropa —murmuró, su plan aún no salía como esperaba.

Miel, el oso de peluche, frotándose con éxito contra un robot que canta una canción de cuna y brilla.

Pero Miel no era de los que se rinden fácilmente. ¡No, señor! Con una nueva chispa de curiosidad y valor, miró a su alrededor. Vio al pequeño Robotín, un robot de juguete que siempre temblaba un poquito, como si tuviera cosquillas. «Este sí que necesita mi suave secreto», pensó Miel. Se acercó con cuidado, concentrándose mucho, mucho. Frotó su cuerpo de peluche contra Robotín, ¡y esta vez fue diferente! ¡Fruuuush-fruuush-plof! Robotín dejó de temblar, emitió un contento ¡Bip-bop! y, ¡oh, sorpresa!, empezó a cantar una canción de cuna sobre tornillos y tuercas, brillando con una luz suave. ¡Por fin! Había dejado un pequeño abrazo silencioso, un abrazo que realmente arropaba y hacía sentir protegido. Miel sonrió, su corazón de peluche latiendo de alegría. ¿No es eso lo más maravilloso y peludamente absurdo que has oído?

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?