Los mapaches curiosos del Bosque Chiflado, con sus antifaces listos para la diversión, corrían entre los árboles.
—¡Miren qué encontré! —exclamó uno, señalando algo brillante.
Era un paraguas viejo, olvidado bajo una hoja gigante.
¡Una aventura pegajosa y voladora!
Los mapaches curiosos del Bosque Chiflado, con sus antifaces listos para la diversión, corrían entre los árboles.
—¡Miren qué encontré! —exclamó uno, señalando algo brillante.
Era un paraguas viejo, olvidado bajo una hoja gigante.
Con cuidado, los mapaches lo abrieron. ¡Pop!
En lugar de gotas de lluvia, el paraguas soltó burbujas redondas y... ¡olían a panqueques!
—¡Guau! —dijeron todos, con los ojos bien abiertos.
—¡Huele a panqueques!
Los mapaches intentaron atraparlas. ¡Plaf! ¡Una burbuja pegajosa en la nariz! ¡Otra en la cola!
—¡Son resbaladizas! —rió uno.
—¡Y pegajosas! —dijo otro, intentando lamerse la pata.
De repente, el paraguas empezó a temblar.
¡Fwoosh! El paraguas se levantó del suelo, tirando de los mapaches por el aire. ¡Subían y subían!
—¡Estamos volando! —gritó un mapache, sus orejas ondeando.
—¡Qué divertido! —respondió otro, aferrándose al mango.
¡El Bosque Chiflado se veía tan pequeñito abajo!
Entre burbujas de panqueques y risas ruidosas, los mapaches flotaban por encima de los árboles.
—¿A dónde vamos ahora? —preguntó uno, con una burbuja en la cabeza.
—¡Quién sabe! —dijeron los demás, mientras el viento los mecía suavemente.
¡La aventura apenas comenzaba!
¿Qué aventura leemos ahora?
Cuentos relacionados que te pueden gustar.