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Las Tijeras de Luz de Eli

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Portada de Las Tijeras de Luz de Eli
5-6 años 4 min

Las Tijeras de Luz de Eli

Una chispa de magia en la oscuridad

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Eli, un niño con tijeras en lugar de manos, de pie en un pueblo de nubes de tonos grises y lilas.

En un pueblo de nubes que flotaba entre el cielo y la tierra, donde las casas parecían hechas de algodón suave y los caminos brillaban con rocío de estrellas, vivía un niño llamado Eli. Sus manos no eran como las de los otros niños; en su lugar, tenía unas tijeras plateadas y siempre limpias. A veces, Eli se sentía un poquito solo, pues los demás, sin querer, mantenían una distancia suave, asombrados por sus manos únicas. El pueblo, en esta época especial del año, se vestía de velos lila y destellos tenues, como si el aire mismo susurrara cuentos de magia.

Eli usando sus tijeras para crear pétalos dorados y estrellitas que flotan en el aire.

Pero Eli guardaba un secreto precioso en su corazón silencioso. Cuando sus tijeras cortaban el aire, no solo creaban nada; con cada movimiento delicado, nacían pequeñas maravillas. Una vez, cortó un poco, y el aire se llenó de pétalos dorados que flotaban como risas de sol; otra vez, aparecieron estrellas diminutas que bailaban antes de desvanecerse suavemente. Sus tijeras eran como una varita mágica, llenando de alegría efímera los rincones más tranquilos del pueblo, y Eli sonreía con ternura al ver sus creaciones desaparecer.

Una gran nube gris cubre el pueblo, mientras Eli levanta sus tijeras para cortar un pedacito y aparece un hilo de luz dorada.

Una mañana, justo cuando las hojas fantasma empezaban a danzar con el viento, una gran nube gris, pesada como un inmenso mantel de lana oscura, cubrió todo el cielo. El pueblo de nubes se volvió triste y silencioso, como si el sol se hubiera dormido muy, muy profundo. Las pequeñas luces lilas de las casas apenas se veían. Eli sintió un nudo suave en su pecho, pero también una chispa de valentía. Respiró hondo, levantó sus tijeras plateadas, que parecían sonreír con un brillo tenue, y con todo el cuidado del mundo, comenzó a cortar el borde de esa nube gigante. Eli cortó un poco, y el cielo respiró luz, un hilito delgado y dorado.

El pueblo de nubes se llena de luz y colores pastel mientras los niños juegan felices y Eli sonríe con sus tijeras brillantes.

Con cada corte suave y rítmico, más luz se colaba, como si el cielo mismo estuviera floreciendo. La nube gris suspiró y se fue haciendo más pequeña, dejando que los rayos de sol, suaves como pétalos dorados, acariciaran cada rincón. Pronto, el cielo se llenó de un arcoíris de colores pastel: amarillos alegres, rosas dulces y celestes brillantes. Los niños del pueblo, que antes se escondían, salieron corriendo, riendo y jugando entre los haces de luz que parecían flores del cielo. Eli, viendo sus caritas felices y el sol bailando en sus tijeras, comprendió que sus manos no eran un problema; eran su forma especial de hacer florecer el mundo y llenarlo de magia.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?