Zeus, el gran señor del cielo, sentía un día ganas de jugar. Con un soplo suave, envió un aliento mágico desde sus grandes nubes blancas, que flotaban tranquilas en lo alto.
Un soplo juguetón del cielo crea magia brillante
Zeus, el gran señor del cielo, sentía un día ganas de jugar. Con un soplo suave, envió un aliento mágico desde sus grandes nubes blancas, que flotaban tranquilas en lo alto.
De aquellas nubes, no salieron truenos ruidosos, sino pequeños relámpagos que no hacían ningún sonido. Eran destellos de luz que empezaban a estirarse y a cambiar de forma, como si tuvieran vida propia.
¡Y qué sorpresa! Esos destellos se convertían en preciosas mariposas, hechas de pura luz. Sus alas brillaban con colores suaves y etéreos, y danzaban en el aire como si bailaran una melodía secreta del cielo.
Estas mariposas volaban y volaban por el firmamento, dejando un rastro de colores brillantes y mágicos. Contaban historias secretas del cielo, susurrándolas con sus luces a las estrellas más jóvenes, que miraban asombradas.
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