Ícaro, un niño con alas de suaves plumas, jugaba muy contento en el cielo.
De pronto, ¡zas! Una de sus plumas se soltó y, en lugar de caer, ¡empezó a revolotear como una flecha juguetona! La pluma, traviesa, le hizo un guiño.
Una aventura de risas y vuelos mágicos.
Ícaro, un niño con alas de suaves plumas, jugaba muy contento en el cielo.
De pronto, ¡zas! Una de sus plumas se soltó y, en lugar de caer, ¡empezó a revolotear como una flecha juguetona! La pluma, traviesa, le hizo un guiño.
—¡Vaya, vaya! —dijo Ícaro, riendo a carcajadas.
La pluma juguetona no paraba. Se movía y se escabullía entre las nubes, como si le invitara a jugar. ¡Ícaro se lanzó a perseguirla!
La pluma se reía con susurros de aire. De pronto, ¡puf!, se transformó en pequeños torbellinos de colores, girando y brillando.
—¡Qué sorpresa tan bonita! —exclamó Ícaro, estirando su manita para alcanzarla.
Con una sonrisa, Ícaro la alcanzó. ¡Zas! Al tocarla, la pluma se unió a sus alas, haciéndolas brillar con una energía traviesa.
¡Qué emoción! Sus alas ahora resplandecían con un brillo nuevo y travieso, prometiendo aún más vuelos locos y divertidos en el cielo del Bosque Chiflado. ¡A volar!
¿Qué aventura leemos ahora?
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