En el Bosque Chiflado, los pájaros eran muy, muy dramáticos. Un día, uno de ellos, que pasaba por allí, escuchó: —¡Vamos a montar una ópera!—, dijo un pájaro con plumas de colores vibrantes.
Un concierto desafinado que hizo reír hasta a las hojas.
En el Bosque Chiflado, los pájaros eran muy, muy dramáticos. Un día, uno de ellos, que pasaba por allí, escuchó: —¡Vamos a montar una ópera!—, dijo un pájaro con plumas de colores vibrantes.
Todos estaban muy emocionados, moviendo sus cabezas de un lado a otro. Pero Pipo, un pajarito con el pico un poco diferente, solo sabía hacer un ruido: —¡Cuac!—, dijo en voz baja. Nadie lo escuchó.
Llegó el gran día. Los pájaros abrieron sus picos para empezar la ópera, con gestos tan exagerados que casi se les salían los ojos. Cantaron con todas sus fuerzas, haciendo sonidos muy agudos y muy graves... ¡pero de repente, Pipo soltó un ¡CUAC! tan fuerte y desafinado que hizo vibrar el aire!
Su ¡CUAC! fue tan fuerte y desafinado que las hojas de los árboles no pudieron aguantar la risa. ¡Se cayeron al suelo, una por una, mientras todos los pájaros bailaban torpemente y el bosque entero estallaba en carcajadas!
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