En el mercado de Kumasi, un trompo de madera bailaba sobre el polvo.
Kofi escuchaba su zumbido constante mientras contaba sus monedas en la palma de la mano.
Solo tenía tres Oris, pero el trompo costaba cinco.
Si espero a mañana, quizás alguien más se lo lleve, pensó con un nudo en la garganta.