Fatima tocaba los hilos de su collar de lana mientras caminaba.
Solo faltaba una pieza en el centro para que estuviera terminado y fuera perfecto.
En su bolsillo, tres monedas de Ori sonaban con un suave tintineo metálico.
Tengo tres, pero necesito algunas más, pensó Fatima al cruzar el gran arco de la medina.