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Guijarro Mágico y los Susurros del…

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Portada de Guijarro Mágico y los Susurros del Jardín
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Guijarro Mágico y los Susurros del Jardín

Un pequeño secreto en el jardín que une corazones y sueños.

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Guijarro Mágico, una piedra lisa, comienza a brillar en el jardín, atrayendo a las mariquitas.

Te acuerdas de aquel jardín de la abuela, ¿verdad? Donde el sol calentaba las flores y las mariposas revoloteaban. Pues allí, entre la hierba suave y las hojitas verdes, vivía Guijarro Mágico. Era una piedrita pequeña, muy lisa, que se sentía especial. Cada mañana, cuando el sol empezaba a asomarse, Guijarro se calentaba y, ¡oh, sorpresa!, empezaba a emitir un suave brillo. Cada tarde, ese brillo se hacía más intenso, como si una lucecita dormida despertara. Y entonces, ¿sabes qué pasaba? ¡Zzzzzzz! Venían volando, una a una, muchas mariquitas rojas con puntitos negros. Se posaban muy cerca de Guijarro, como si supieran un secreto. ¡Brilla, brilla, Guijarro, con tu luz tan especial!

Varias mariquitas susurran a Guijarro Mágico mientras un niño se acerca con curiosidad.

Te acercabas con curiosidad, intentando descubrir qué hacían. Las mariquitas se quedaban quietas, con sus patitas diminutas, y parecían susurrar algo al Guijarro. ¿Qué le dirían? ¿Eran historias de sus viajes, de las flores que habían visitado o de las nubes que habían visto? Era un misterio tan bonito. Tú te preguntabas: —¿Qué será lo que les cuentas, Guijarro? —Y el Guijarro seguía brillando, como si respondiera con su luz. A veces, una mariquita se movía un poquito y parecía decir: —¡Piiip! —como si confirmara que sí, que Guijarro era su gran confidente.

El niño toca Guijarro Mágico y recibe un abrazo de la abuela, sintiendo la magia del jardín.

Y así, tú descubriste el secreto más dulce del jardín. Las mariquitas no solo susurraban, sino que le contaban a Guijarro sus sueños más pequeños y sus deseos más grandes. Querían que sus sueños volaran lejos, como ellas, y Guijarro, con su calor y su brillo, los guardaba a salvo. Él era como un amigo que escucha con el corazón, siempre dispuesto a cuidar lo que es importante para cada una. Te sentiste tan feliz de haber descubierto este rincón mágico. Te acercaste a Guijarro y, con mucho cuidado, lo tocaste. Sentiste su calor y supiste que eras parte de su magia. La abuela, viéndote, te dio un abrazo muy cálido, lleno de cariño y seguridad. Sabías que ese brillo especial de Guijarro hacía sentir a todos incluidos y seguros. ¡Brilla, brilla, Guijarro, con tu luz tan especial!

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?