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Granito y el Regalo de Arena

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Portada de Granito y el Regalo de Arena
7 años 4 min

Granito y el Regalo de Arena

La pequeña generosidad de un grano de arena puede crear la más grande alegría.

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Granito, un grano de arena, creando una pequeña escultura de arena.

Nosotros, los incontables granos de arena de esta vasta y velada villa de playa, conocemos a Granito. Él es un diminuto, diminuto grano, apenas visible, pero su corazón es tan grande como el océano que nos mece. Cada mañana, cuando el sol pinta el cielo de colores suaves, Granito, con sus manitas minúsculas, ¡Sssshhh!, se mueve con la brisa. Él sueña sueños salados y, con otros como él, empieza a moldear. Descubre que, si nos unimos, podemos crear figuras. Pequeñas figuras, como si fueran tesoros secretos esperando ser hallados.

Granito observa un delfín de arena cobrar vida en la orilla del mar.

Nosotros vemos cómo Granito, con paciencia profunda, perfecciona su arte. Un día, forma un delfín. Un delfín perfecto, con una curva elegante y una cola que parece querer nadar. La marea sube lentamente, ¡Glu-glu-glu!, y al tocar la arena, el delfín cobra vida. Nada en la orilla por un instante, parcialmente presente, antes de deshacerse de nuevo en nosotros. Granito siente suave satisfacción, pero también una dulce melancolía, pues sus obras son tan efímeras como la espuma de las olas.

Granito ofrece una estrella de mar de arena a un pequeño caracol.

Nosotros observamos que no solo Granito disfruta de estas pequeñas maravillas. Un pequeño caracolillo, de concha iridiscente, se acerca cada día. Él es solitario, muy solitario, y siempre se posa cerca de las creaciones de Granito, como si buscara compañía. Granito lo ve y su pequeño corazón de arena se agita. Él no quiere que el caracolillo esté triste. Con dedicación delicada, Granito se une a más de nosotros y forma una estrella de mar, brillante y con puntas perfectas. ¡Chssshhh! —Hola, caracolillo —dice Granito en un susurro apenas audible—. ¿Te gustaría que esta estrella de mar fuera tuya por un momento?

La estrella de mar de arena cobra vida, trayendo alegría al caracol.

El caracolillo, sorprendido, apenas se mueve. Nosotros sentimos la emoción que Granito irradia. La estrella de mar, suavemente moldeada, espera. La marea, nuestra vieja amiga, vuelve a subir. ¡Plin-plin-plin!, el agua acaricia la estrella. Y, por un instante mágico, la estrella de mar parpadea, sus brazos se mueven ligeramente, y parece saludar al caracolillo. El caracolillo, con un pequeño paso precavido, se acerca, su antenita roza la estrella. Es un momento de pura alegría compartida.

Granito observa la orilla, sabiendo que su generosidad ha traído alegría.

Nosotros, la arena, lo sabemos. La estrella de mar se deshará, como todas las creaciones de Granito, pero la alegría que Granito ha dado desinteresadamente durará más que cualquier escultura. Su generosidad genuina ha iluminado no solo al caracolillo, sino a toda la orilla. Granito nos ha enseñado que incluso el más pequeño de nosotros, al unirse y compartir, puede crear momentos de pura magia y paz profunda. Y así, el sol se oculta, dejando un rastro de oro y calma en nuestra pacífica playa.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?