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Gotita y las Semillas de Arcoíris

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Portada de Gotita y las Semillas de Arcoíris
4-5 años 4 min

Gotita y las Semillas de Arcoíris

La magia más pequeña puede pintar el mundo de color.

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Una gotita de rocío en una telaraña al amanecer, mirando el prado.

Gotita de Rocío Sonriente vivía una mañana en una telaraña, hilada con hilos de plata bajo el cielo que empezaba a despertar. Sentía un pequeño cosquilleo en su corazón transparente, pues sabía que, con el primer beso del sol, pronto se iría. Miraba el prado dormido, envuelto en una suave penumbra morada, y deseaba, con todo su brillo, dejar algo hermoso antes de desvanecerse, algo que recordara su paso por el mundo.

Un rayo de sol toca a Gotita, y ella suelta semillas de arcoíris.

Con un suspiro silencioso, Gotita cerró sus ojitos brillantes, pidiendo al viento que su deseo volara lejos. Justo entonces, un rayo de sol, tibio y dorado, rozó su cuerpecito. ¡Pero qué sorpresa! Gotita no se esfumó en el aire como otras veces. En cambio, de su interior brotaron diminutas, diminutas "semillas de arcoíris", tan pequeñas como suspiros de luz, que no buscaban la tierra, ¡sino el aire mismo!

Burbujas de arcoíris flotan por el prado, alegrando a pájaros y flores.

Las "semillas de arcoíris" subieron, danzando en el aire fresco de la mañana, y, una a una, se transformaron. Se volvieron pequeñas burbujas transparentes, redondas y ligeras, y dentro de cada una, ¡oh, qué maravilla!, brillaba un arcoíris en miniatura. Eran como joyas flotantes, llenas de rojos, naranjas, amarillos, verdes, azules y violetas, que se movían con la brisa. Las burbujas de arcoíris volaron por el prado, llevando la alegría del rocío a cada pájaro que cantaba y a cada flor que abría sus pétalos.

Gotita de Rocío Sonriente observa feliz su magia en el prado.

Los pájaros piaban con más fuerza, y las flores brillaban con colores renovados, reflejando en sus hojas el suave baile de los arcoíris. Sentían la calidez del día y la dulzura de la magia de Gotita. Y Gotita de Rocío Sonriente, viéndolos, sintió una alegría inmensa. Ya no temía desaparecer, pues sabía que había pintado el cielo y el prado con su magia, dejando un rastro de luz y color que duraría mucho, mucho más que una simple mañana.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?