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Erizo Remolino y el Baile del…

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Portada de Erizo Remolino y el Baile del Polvo Mágico
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Erizo Remolino y el Baile del Polvo Mágico

Un jardín despeinado puede ser el más feliz.

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Erizo Remolino, un erizo muy ordenado, ve cómo el viento esparce semillas mágicas en su jardín.

Erizo Remolino era un erizo muy, muy ordenado. ¡Tan ordenado que, cada mañana, peinaba las hojas caídas de su jardín! Le gustaba ver todo en su sitio, cada pétalo, cada piedrecita. Pero un día, el viento juguetón, ¡uuuh-uuuh-uuuh!, sopló con fuerza y esparció por todo el bosque unas semillas diminutas y brillantes. Remolino frunció el ceño. ¡Ay, qué desorden! Su corazón ordenado se sintió un poquito gruñón.

Remolino intenta ordenar las semillas, pero el polen mágico hace reír y bailar a las margaritas.

Remolino, con su pequeño peine de madera, intentó poner orden. '¡Hay que peinar estas semillas!', pensó. Pero cada vez que su peine tocaba una semillita, ¡plof!, la semilla soltaba un polen mágico, ¡puf!, que brillaba como purpurina. Las margaritas, al sentir el polen, empezaron a moverse suavemente. ¡Jijiji! Parecían reír y bailar con sus pétalos. Remolino las miró, un poco más gruñón. '¡Pero qué desorden más ruidoso!', refunfuñó.

El bosque entero baila y ríe contagiado por el polen mágico, mientras Remolino observa sorprendido.

El polen mágico no paraba de esparcirse. ¡Plof! ¡Puf! ¡Plof! ¡Puf! Pronto, no solo las flores, sino también los demás animales del bosque empezaron a sentir su cosquilleo. Las ardillas, ¡chas-chas-chas!, daban vueltas y giraban sus colas. Los conejitos, ¡hop-hop-hop!, saltaban sin parar, riendo a carcajadas. El bosque entero se llenó de música alegre y risas contagiosas: ¡Jajajajás! ¡Baila, baila! Remolino estaba en medio de todo, con los ojos muy abiertos, sin saber qué peinar primero. ¡Era un caos divertidísimo!

Remolino sonríe, aceptando que un jardín despeinado puede ser el más feliz, mientras el bosque sigue bailando.

Remolino dejó caer su peine. Ya no tenía sentido intentar ordenar aquel alboroto tan feliz. Miró a las ardillas que giraban, a los conejitos que saltaban y a las flores que se reían. Sus labios se curvaron un poquito hacia arriba. Una sonrisa suave apareció en su carita. 'Quizás', pensó Remolino, 'un jardín un poco despeinado es el más feliz de todos'. Y así, el bosque siguió cantando y susurrando con la música del viento y las sonrisas de todos, un lugar donde el orden era solo una excusa para bailar.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?