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El Secreto de los Deseos Dorados

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El Secreto de los Deseos Dorados

Hermes descubre una magia para los sueños perdidos.

Olimpo magia sueños
Hermes vuela veloz, su rostro preocupado, mientras una hojita de deseo se le escapa de las manos y cae.

Hermes, el mensajero más veloz del Olimpo, surca el cielo como un suspiro. Sus alas baten con prisa, llevando mensajes importantes y, a veces, también los pequeños deseos de las niñas y los niños. Pero, ¡ay!, a veces vuela tan, tan rápido que alguna de esas hojitas de deseo se le escurre entre los dedos.

El corazón de Hermes se encoge un poquito cada vez que una de esas hojitas se pierde en el viento, como una estrella fugaz que se apaga antes de brillar.

Hermes mira asombrado cómo sus alas, al batir, llenan una hojita de deseo con brillos dorados que la hacen flotar.

Un día, mientras intenta atrapar una hojita de deseo especialmente traviesa, Hermes bate sus alas con más fuerza que nunca. Pero, ¡qué sorpresa! El aire que mueve sus alas no empuja la hojita. ¡No! En cambio, la envuelve en una lluvia de brillitos dorados.

Hermes observa, fascinado, cómo los brillos se pegan a la hojita, llenándola de luz. La hojita, que antes caía sin remedio, ahora se eleva, despacito, como si tuviera sus propias alas invisibles. Es una magia suave, una danza dorada en el aire.

Hermes, con alegría, bate sus alas cerca de las hojitas perdidas, que ahora flotan hacia el cielo con un rastro dorado.

Con una sonrisa en sus labios, Hermes entiende. ¡Ha descubierto un secreto mágico! Ahora sabe cómo ayudar a los deseos perdidos.

Cuando ve una de esas pequeñas hojitas de deseo flotando sin rumbo, se acerca con ternura. Bate sus alas con cuidado, y otra vez, la lluvia de brillitos dorados aparece. Los brillos envuelven el deseo, y este, como por arte de magia, comienza a flotar lentamente hacia el cielo, dejando un rastro luminoso.

Hermes mira con calma el rastro de deseos dorados que suben, formando un camino de estrellas hacia el cielo.

Así, los deseos de las niñas y los niños ya no se pierden. Gracias a Hermes y a sus alas mágicas, cada hojita de deseo encuentra su camino. Forman un rastro de estrellas que nadie puede perder, un camino brillante que sube y sube, hasta el Olimpo, donde todos los sueños esperan ser escuchados.

Hermes sonríe, su corazón lleno de una alegría tranquila, sabiendo que cada deseo llega a su destino, suavemente, envuelto en magia dorada.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?