El Conejo Saltimbanqui se estiraba, ¡oh, cuánto le gustaba saltar charcos!
—¡Hoy haré el salto más grande de todos! —dijo, con un brillo en sus ojos de travieso campeón.
Una aventura elástica y llena de risas en el Bosque Chiflado.
El Conejo Saltimbanqui se estiraba, ¡oh, cuánto le gustaba saltar charcos!
—¡Hoy haré el salto más grande de todos! —dijo, con un brillo en sus ojos de travieso campeón.
¡Plaf! Saltó con un entusiasmo enorme. Pero, ¡qué sorpresa!
—¡Esto no es agua! —exclamó, al sentir una gelatina suave que lo atrapaba.
La gelatina tembló, ¡boing!, y se hizo el doble de grande. ¡Y aparecieron pequeños conejitos de gelatina!
El Conejo Saltimbanqui intentó escapar, pero los conejitos de gelatina, ¡boing, boing!, lo seguían a todas partes.
—¡No me sueltan! ¡Son tan pegajosos! —dijo, mientras los conejitos saltaban a su alrededor, riendo con sus cuerpecitos temblorosos.
De repente, el Conejo Saltimbanqui sonrió. ¡Esto era muy divertido!
—¡Vamos, mis pequeños amigos! ¡A saltar! —gritó, y lideró un desfile pegajoso y risueño por todo el Bosque Chiflado, ¡boing, boing, boing!, con sus nuevos amigos de gelatina.
¿Qué aventura leemos ahora?
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