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El Rugido Mágico de Dino

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Portada de El Rugido Mágico de Dino
5-6 años 4 min

El Rugido Mágico de Dino

Descubriendo que la voz más ruidosa puede crear la magia más hermosa.

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Dino, un dinosaurio verde, ruge hacia un cristal azul brillante en una cueva.

Yo vivía en una cueva donde las paredes brillaban como un cofre del tesoro. Mi nombre era Dino, un dinosaurio muy ruidoso. Me encantaba rugir, fuerte y largo. Un día, solté mi gran ¡ROOAARR! cerca de un cristal. ¡Zas! Se encendió con una luz azulita, como una luciérnaga atrapada. "¡Ay, ay, ay, qué cosa más rara!" pensé. ¿Será magia? ¡Tengo que averiguarlo!

Dino mira con curiosidad varios cristales de colores que brillan en la cueva.

Mi corazón latía como un tambor. Me acerqué al cristal azul, bonito como un trozo de cielo. Volví a rugir, con más curiosidad. ¡ROOAARR! Otros dos cristales, rojo como una fresa y verde como una hoja, también se encendieron. La cueva parecía guiñarme un ojo. "¡Ay, ay, ay, qué cosa más rara!" murmuré. ¿Será magia? ¡Tengo que averiguarlo!

Dino sonríe feliz en la cueva, pensando en compartir su descubrimiento.

Mi cola se movía de emoción. Mis rugidos, que antes solo hacían eco, ahora eran llaves mágicas. Recordé a Luci, la luciérnaga tímida, que siempre se escondía de mi ruido. Ella pensaba que mis rugidos asustaban. ¡Qué equivocada estaba! Quería mostrarle este baile de luces. "¡Ay, ay, ay, qué cosa más rara!" pensé, pero con una gran sonrisa. ¿Será magia? ¡Tengo que averiguarlo!

Dino ruge y todos los cristales brillan mientras Luci, una luciérnaga, los mira asombrada.

Fui a buscar a Luci, tras una seta gigante.
—¡Luci! —rugí, suavemente—. Ven, tengo una sorpresa luminosa.
Luci parpadeó, asustada.
—¿Tus rugidos no me asustarán? —preguntó.
—¡Nunca! —respondí—. Mis rugidos son para bailar con la luz.
La llevé a la cueva. Solté un rugido musical. ¡ROOAARR! Todos los cristales cobraron vida, brillando como un arcoíris. "¡Ay, ay, ay, qué cosa más rara!" exclamó Luci, con ojos de asombro.

Dino y Luci juegan felices entre las luces danzarinas de los cristales en la cueva.

Luci voló entre las luces danzarinas, sus chispitas brillando de alegría. Ya no temía mis rugidos. Juntos, creamos la sinfonía de luces más hermosa de la cueva. Mis rugidos eran la música que hacía bailar a los cristales y la forma en que compartía la magia con mi amiga. ¡Qué descubrimiento tan bonito!

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?