Un pequeño espíritu, hecho de hojas crujientes y musgo suave, se encontró perdido. Los caminos del bosque de Auralia se movían solos, y cada sendero era diferente al anterior.
—¿Adónde iré ahora? —murmuró el espíritu, sintiendo la humedad del aire.
Un espíritu perdido descubre un secreto acuático.
Un pequeño espíritu, hecho de hojas crujientes y musgo suave, se encontró perdido. Los caminos del bosque de Auralia se movían solos, y cada sendero era diferente al anterior.
—¿Adónde iré ahora? —murmuró el espíritu, sintiendo la humedad del aire.
De repente, una luz tenue brilló entre los árboles. Era un brillo suave, como el de una perla escondida, que lo llamaba. El espíritu siguió esa luz con curiosidad, moviendo sus pequeñas ramas.
Cada paso lo acercaba a algo nuevo.
Allí estaba: un lago grande y oscuro, con aguas tan profundas que parecían guardar mil historias. El lago, de pronto, burbujeó con suavidad, haciendo pequeños círculos que parecían un guiño.
—Ven... —susurró el agua, con una voz ancestral.
Una calidez se extendió por sus hojas y musgo. El lago lo invitaba a descubrir un secreto muy antiguo, que solo él podía ver.
—¡Debo saber qué es! —pensó, dando un paso hacia el agua brillante.
¿Qué aventura leemos ahora?
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