En el Bosque Chiflado, dos pájaros muy, muy dramáticos se miraron. Hoy no era un día cualquiera.
—¡Mi canto será el más fuerte! —dijo uno, estirando su cuello.
—¡Ja! ¡El mío hará temblar los árboles! —respondió el otro, inflando su pecho.
¡Cuando el canto es tan fuerte que todo el bosque baila!
En el Bosque Chiflado, dos pájaros muy, muy dramáticos se miraron. Hoy no era un día cualquiera.
—¡Mi canto será el más fuerte! —dijo uno, estirando su cuello.
—¡Ja! ¡El mío hará temblar los árboles! —respondió el otro, inflando su pecho.
Entonces, ¡uno abrió su pico y empezó a cantar con toda su fuerza! ¡Era un sonido enorme!
—¡Caw-Caw-CAWWWWW! —gritó.
Las flores, que antes estaban quietas, empezaron a moverse solas. ¡Bailaban y daban vueltas, como si tuvieran resortes!
—¡Eso no es nada! —chilló el segundo pájaro, abriendo su boca aún más, ¡como un túnel!
—¡Pío-Pío-PIIIIOOOO! Su canto era un remolino.
Las flores salieron volando, ¡dando vueltas y giros! Y las hojas de los árboles, ¡zas!, se soltaron y se unieron a la fiesta.
¡Los dos cantaron tan, tan fuerte que el Bosque Chiflado se convirtió en una fiesta de baile!
Las flores y las hojas volaban como confeti, y los árboles parecían reír a carcajadas. ¡Qué concurso tan ruidoso y divertido!
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