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El Estornudo Mágico de Pedro

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El Estornudo Mágico de Pedro

A veces, lo más lento es lo más mágico.

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Pedro el perezoso cuelga lentamente de una rama, mirando mangos lejanos.

Pedro era un perezoso tan, tan lento, que la idea más rápida que tuvo fue cuándo sería su próxima siesta. Vivía colgando de un árbol de mangos, pero estos siempre estaban en la rama de al lado, muy, muy lejos. Sus movimientos eran como sueños, extendiéndose en el tiempo, cada parpadeo duraba un suspiro.

Pedro abre lentamente la boca, sintiendo una picazón en la nariz.

Un día pegajoso de verano, mientras el sol pintaba el cielo de amarillo, Pedro sintió una extraña cosquillita en su nariz. ¡Una picazón, tan, tan insistente! Se preparó para un '¡A-a-a-a-a-CHÍÍÍS!', pero su estornudo era tan, tan lento que... ¡no salía! Su boca se abrió despacito, despacito, en una O gigante.

El estornudo de Pedro se transforma lentamente en una pequeña nube blanca.

La 'A' duró toda la mañana, estirándose como una goma de mascar muy larga. La 'CHÍ' llegó con la tarde, pintando el aire con un sonido invisible pero profundo. La 'S' apareció justo al atardecer, pero para entonces, el 'resto' de su estornudo, una bolita de aire caliente y juguetona, se había convertido en una pequeña nube blanquita que flotaba perezosamente por el aire, con un aire de asombro.

La nube del estornudo de Pedro guía un mango jugoso hasta sus patas.

¡Sorpresa! La nube, con un suave 'puuuf', flotó justo hasta el mango más jugoso de la rama de al lado. Lo envolvió suavemente con su 'soplo' tibio y, sin prisas ni apuros, lo depositó con delicadeza en las patitas de Pedro, que miraba con los ojos muy, muy abiertos.

Pedro sonríe feliz, comiendo su mango, con la nube juguetona cerca.

Desde ese día, Pedro descubrió que su lentísimo y peculiar estornudo no era una molestia, sino un 'mango-recogedor' muy eficiente. Y a veces, cuando el sol se ponía con colores de caramelo, recordaba que lo más lento, lo más inesperado, ¡puede ser lo más divertido y mágico de todo! Pedro sonreía, saboreando su mango.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?