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El Eco Tímido y el Búho…

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Portada de El Eco Tímido y el Búho Perdido
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El Eco Tímido y el Búho Perdido

Descubre cómo un pequeño susurro puede ser la ayuda más grande.

creatividad ayuda a otros aventura mágica
Don Grito, el eco tímido, se esconde en una cueva mientras un búho bebé se cae de su nido.

Yo, la Vieja Cima, lo vi todo desde mi puesto en lo alto. Con mis ojos de roca, observé cómo Don Grito, un eco tan tímido que apenas se atrevía a respirar, se escondía en una cueva que llamaba el "Rincón del Silencio". Don Grito era un eco muy particular; en lugar de ¡BOOM! y ¡CLANG!, sus sonidos eran apenas un ¡Sssst!, como el susurro de una pluma. Siempre temblaba de miedo al pensar en resonar fuerte, pues creía que su voz era demasiado... pues, demasiado él.

Un día, mientras el sol jugaba a las escondidas, una pequeña cría de búho, de nombre Pío, se precipitó fuera de su nido. —¡Hoo-hoo, qué desastre! —pió, con los ojos más grandes que su propia cabeza, mientras daba vueltas y más vueltas. Pío estaba más perdido que un calcetín sin pareja. Don Grito, desde su cueva, vio el ¡flop! y el ¡plof! de la pobre Pío y sintió un cosquilleo raro. Quería ayudar, pero su miedo a hacer ruido era tan grande como la montaña misma.

Don Grito susurra desde la cueva, y Pío, el búho bebé, escucha confundido pero curioso.

—¡Oh, Don Grito, no te escondas! —murmuró una brisa juguetona que pasaba por allí, moviendo sus bigotes de musgo. Don Grito, con el corazón ¡pum-pum! de susto, pensó: "Si no puedo ser ruidoso, ¿qué tal si soy... suavecito?" Y así, con una idea que le hizo brillar su forma transparente, decidió que susurraría. Pío, que seguía dando vueltas, oyó un delicado ¡Sssst-ssst! que venía de la cueva. —Pero, ¿quién anda ahí? —chilló, asustada, aunque el sonido era más suave que una nube.

Don Grito, animado por la curiosidad de Pío, repitió su llamado, pero esta vez un poquito más largo: ¡Sssst-ssst-ssst!. Pío, que era muy curiosa, movió su cabecita y siguió el sonido. ¡Sssst-ssst-ssst! la guio por un sendero lleno de hojas crujientes. ¡Sssst-ssst-ssst! la llevó por un riachuelo donde los peces saltaban. ¡Sssst-ssst-ssst! la condujo a través de un arbusto de bayas brillantes, hasta que, finalmente, llegó a la rama de su nido. Su mamá búho, con un ¡Hoo-hoo! de alivio, la esperaba con los brazos (o alas) abiertos.

Don Grito guía con susurros a Pío, el búho bebé, de regreso a su nido con su mamá.

Y así fue como Don Grito, el eco más tímido de la montaña, descubrió que su creatividad no solo era útil, sino que podía ser la más mágica de las ayudas. No necesitaba ser el eco más ruidoso, ni el más fuerte, solo necesitaba ser él mismo y usar sus suaves susurros para guiar. Desde ese día, Don Grito ya no se escondía tanto, y aprendió que incluso las voces más pequeñas pueden crear la melodía más grande.

¡Qué cuento tan bonito!

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