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El Dulce Crujido de Pincita

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Portada de El Dulce Crujido de Pincita
7 años 5 min

El Dulce Crujido de Pincita

Un pequeño sonido puede ser un gran hogar.

amistad descubrimiento ayudar a los demás magia naturaleza
Pincita, la pinza de madera, observando mariposas en el jardín.

Yo soy Pincita, una pequeña pinza de madera, y mi hogar es la cuerda de tender en el jardín. Cada mañana, el suave sol de la tarde me abraza, y yo siento cómo mi madera se calienta, se estira, y a veces, un crujido, crujido muy, muy bajito sale de mí. Desde aquí arriba, veo las mariposas, con sus alas de mil colores, volando de flor en flor. A veces, parecen buscar un lugar para descansar, un sitio firme y seguro donde posarse un ratito, pero la cuerda es muy fina y no siempre les gusta.

Pincita intentando llamar a las mariposas mientras Pinzón la mira.

Un día, mientras el sol me doraba, vi a una mariposa naranja, con sus alas ya un poco cansadas, revolotear sin encontrar un buen sitio. Sentí que yo podía ayudar. Cuando mi madera hizo crujido, crujido, pensé: "¡Quizás este sonido es una señal!". Intenté crujir más fuerte, moviéndome un poquito, pero la mariposa siguió su camino. Mi vecino Pinzón, una pinza más grande y un poco gruñona, me miró de reojo. —Pincita, ¿qué haces con tanto meneo? —me preguntó con su voz grave.

—Intento hablar con las mariposas —le susurré—. Creo que mi crujido puede ser una invitación. Pinzón resopló, haciendo un puf de aire. —¡Bah! Las mariposas no entienden el lenguaje de las pinzas. Pero yo no me rendí. Volví a sentir el sol, y con él, un crujido, crujido aún más dulce. Pensé en cómo las flores se abren para ellas. ¿Y si mi crujido era como una flor de madera? Cerré mis ojitos y me concentré, deseando que mi madera hablara claro. Una mariposa azul pasó cerca, pero al oír el sonido, se asustó un poco y se alejó. ¡Ay, esto era más difícil de lo que pensaba!

Tres mariposas posadas felizmente sobre Pincita.

Pero yo sabía que mi sonido era especial, una pequeña magia que el sol me regalaba. Respiré hondo, y con todo mi ser, dejé que el sol me calentara. Sentí el crujido, crujido nacer de mi corazón de madera, como una canción. Esta vez, fue diferente. El sonido era más suave y constante, como un dulce arrullo. Y entonces, como por arte de magia, ¡sucedió! Una mariposa amarilla, con sus alas de seda, se acercó. Uno, se posó en mi lado izquierdo, sintiendo mi calor. Luego, dos, una mariposa roja llegó a mi lado derecho. Y después, ¡tres! Una mariposa morada se unió a ellas, justo en mi cabecita. ¡Plaf!, un aterrizaje suave y perfecto.

Allí estábamos, yo y mis nuevas amigas, bajo el cálido sol de la tarde. Mi madera ya no solo crujía, ahora era un hogar seguro, un refugio para las mariposas. Cada vez que el sol me calienta y siento ese crujido, crujido, sé que estoy haciendo algo maravilloso. Las mariposas descansan, y yo siento una alegría inmensa. ¡Qué dulce descubrimiento! Y Pinzón, viéndome tan feliz, hasta me dedicó una pequeña sonrisa. Aprendí que a veces, lo más pequeño de nosotros, como un suave crujido, puede ser lo más grande para los demás.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?