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El Baile de Luces de Halloween

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Portada de El Baile de Luces de Halloween
5-6 años 4 min

El Baile de Luces de Halloween

Pequeñas luces guían grandes amistades.

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Calabazas talladas brillando en un porche mientras los Soplidos de Calabaza flotan pensativos.

Era la Víspera de Halloween. En el porche de la Señora Bigotes, las calabazas talladas brillaban con una luz anaranjada y cálida. De sus ojos y bocas salían los Soplidos de Calabaza, pequeños hilitos de aire tibio que danzaban suavemente en la noche. Pero, aunque eran bonitos, los Soplidos se sentían un poco inútiles. ¿Para qué servían, si solo se desvanecían en el aire? Eran muchos, y cada uno tenía una luz propia, pero ninguno sabía cómo hacerla brillar de verdad.

Un Soplido forma una flecha de luz para un murciélago asustado en la oscuridad.

Uno de los Soplidos, el más curioso de todos, se separó un poco de los demás. Flotó más alto y, entre la penumbra, vio algo que se movía. Era un pequeño murciélago, con sus alitas temblorosas y sus ojitos grandes llenos de miedo. Estaba perdido y no encontraba el camino a su nidito. El Soplido, sintiendo una punzada de ternura, se infló con el calor de la vela de su calabaza y, ¡puf!, formó una pequeña flecha luminosa justo delante del murciélago asustado.

Varios Soplidos forman flechas de luz, guiando al murciélago por el cielo nocturno.

El murciélago, al ver la flecha brillante, dudó un instante y luego la siguió. Voló un poquito, y justo cuando la primera flecha empezaba a desvanecerse, ¡otro Soplido de otra calabaza, que había visto la escena, formó una nueva flecha luminosa más adelante! Y luego otra, y otra. Los Soplidos de Calabaza, con sus luces cálidas, se unieron en un juego de guiar al murciélago. Volaban formando una cadena de pequeñas flechas doradas, un camino mágico que brillaba en la oscuridad de la noche de Halloween.

El murciélago en su nido, rodeado de Soplidos de Calabaza que bailan de alegría.

Finalmente, la última flecha de luz guio al murciélago hasta un árbol grande y frondoso, justo donde estaba su nidito calentito. Con un pequeño chillido de alegría, el murciélago se metió dentro. Los Soplidos, viendo su misión cumplida, bailaron un momento en el aire, sintiendo una alegría inmensa. Ya no se sentían inútiles; habían sido faros en la oscuridad. Desde aquella Víspera de Halloween, supieron que incluso la luz más pequeña, cuando se comparte, puede guiar y crear la amistad más tierna y mágica.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?