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Damián, el Castor Melodioso

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Portada de Damián, el Castor Melodioso
5-7 años 4 min

Damián, el Castor Melodioso

Donde el canto transforma el agua en magia

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Damián, un castor de ojos grandes, esquiva el agua del río mientras otros castores construyen.

Damián era un castor muy, muy peculiar. A diferencia de sus primos, tíos y hermanos, ¡él detestaba el agua! Cada vez que una gotita salpicaba su nariz, sentía unas cosquillas tan intensas que le hacían estornudar con un divertido ¡achís! Por eso, Damián nunca construía diques ni nadaba en el río con los demás castores, que lo miraban con sus ojitos curiosos sin entender su rareza. Él prefería pasear por la orilla, oliendo las flores y mordisqueando las ramas secas.

Damián camina solo por un bosque iluminado por el sol, sintiendo curiosidad.

Un día, mientras Damián buscaba las bayas más rojas del bosque, se adentró un poco más lejos de lo habitual. El sendero, cubierto de musgo suave y hojas crujientes, lo llevó por caminos desconocidos. El sol se filtraba entre los árboles, creando manchas de luz danzarinas en el suelo. Damián se sentía un poco perdido, pero también una punzadita de curiosidad le hizo avanzar, guiado por un suave y dulce murmullo que no era el del río familiar.

Damián descubre una cueva secreta con una pequeña cascada que brilla.

El murmullo se hizo más claro, como un coro de voces diminutas. Damián siguió el sonido, y, ¡sorpresa!, encontró una cueva escondida detrás de unas enredaderas. Dentro, una pequeña cascada caía con un suave ¡chsss-chsss! sobre un estanque cristalino. Pero lo más sorprendente fue que el agua, en lugar de darle cosquillas, le acarició el corazón con su ritmo. Damián, por primera vez, sintió unas ganas inmensas de cantar.

Damián canta alegremente, y las piedras de la cascada ruedan al ritmo de su melodía.

Y así, Damián abrió su boquita y empezó a cantar una melodía suave, un ¡Tra-la-la! que sonaba como el tintineo de pequeños cascabeles cantores. Las notas flotaron en el aire, mezclándose con el ¡chsss-chsss! del agua. Entonces, ¡oh, maravilla! Las pequeñas piedras redondas y pulidas que la cascada traía, comenzaron a rodar y a chocar suavemente, haciendo un rítmico ¡plin-plin-plin! Se movían al compás de su canto, creando una verdadera 'ducha musical' solo para él.

Damián canta felizmente en la cascada para sus amigos animales del bosque.

Desde aquel día, Damián nunca se convirtió en un gran nadador, ¡las cosquillas seguían siendo cosquillas! Pero sí se transformó en el 'Cantor de las Cascadas'. Sus amigos, los castores y otros animales del bosque, venían a menudo a la cueva a escuchar su dulce melodía y el mágico ¡plin-plin-plin! de las piedras danzarinas. Damián les enseñó que la alegría no siempre está en lo que se espera de ti, sino en encontrar tu propia y maravillosa manera de hacer música en el mundo.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?