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Carlota y el Secreto del Perfume…

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Portada de Carlota y el Secreto del Perfume de Tierra
5-6 años 3 min

Carlota y el Secreto del Perfume de Tierra

Un pequeño gesto puede guiar grandes aventuras.

perseverancia amistad descubrimiento
Carlota, una zanahoria rechoncha con sombrero de hojas, mirando curiosa desde su caja en el mercado.

Yo era Carlota, una zanahoria rechoncha y con un sombrerito de hojas muy coqueto. Mi hogar era una caja de madera, justo allí, en el ruidoso mercado de agricultores. ¡Qué maravilla era aquel mercado! ¡Qué olores! ¡Qué sonidos! Un día, mientras las voces cantaban y las risas volaban, me pregunté: ¿Y si ruedo un poquito? ¿Qué pasaría? Con un suave empujón, me moví. ¡Ruuuul-uuul! Me detuve. ¿Lo sintieron las lombrices? ¿Habrá sido suficiente?

Carlota rueda suavemente y una lombriz curiosa asoma la cabeza.

No me rendí, no, no. Volví a probar, con más cuidado. ¡Ruuuul-uul! Esta vez, sentí un olor dulce a tierra húmeda flotando a mi alrededor… ¡Era mi 'perfume de tierra'! Una pequeña lombriz, con sus ojitos curiosos, asomó la cabeza de un agujerito. —¿Qué es ese aroma tan rico? —me preguntó, con una voz diminuta que apenas pude escuchar. —Es mi perfume, amiga. ¿Te gusta? Ella movió su cabeza, ella se estiró un poquito, como diciendo que sí.

Carlota guía a las lombrices con su rastro de perfume de tierra.

Así que me preparé, con mi sombrerito de hojas bien puesto y el corazón contento. Esta vez, rodé con un propósito claro, dejando una estela. ¡Ruuuul-uul! Rodé un poquito, rodé otro poquito, y dejé un camino invisible pero delicioso para mis nuevas amigas. ¿Venían las lombrices? ¡Claro que sí! Ellas seguían el rastro, ellas se acercaban, y yo les susurraba: —¡Por aquí! ¡Por aquí! —guiándolas hacia un lugar que solo yo conocía.

Carlota sonríe mientras las lombrices encuentran su nuevo hogar fértil.

Y así fue, mis pequeñas amigas lombrices encontraron los suelos más jugosos y fértiles de todo el mercado, justo donde yo las había guiado. Yo me sentía feliz, muy feliz. Había descubierto un secreto especial, un don. Cada día, con un suave ¡Ruuuul-uul!, yo sabía que estaba haciendo algo bueno y verdadero. Un poquito de tierra, un poquito de magia. Era un secreto, sí, pero un secreto que hacía que todos, todos, se sintieran un poquito mejor, seguros y en su lugar.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?