Niñas y niños, ¡venid a descubrir a Cantorín! El pajarito Cantorín abrió sus ojitos al sol de la mañana. Su suave pío-pío se mezcló con el aire fresco y brillante.
—¡Qué lindo día! —canturreó, estirando sus alitas.
Un viaje de sonidos y un dulce hogar
Niñas y niños, ¡venid a descubrir a Cantorín! El pajarito Cantorín abrió sus ojitos al sol de la mañana. Su suave pío-pío se mezcló con el aire fresco y brillante.
—¡Qué lindo día! —canturreó, estirando sus alitas.
Sintió el viento bajo sus alitas mientras volaba, ligero y libre. Cantorín exploraba entre las ramas, bailando en el aire. Cada hoja susurraba una bienvenida.
—¡A volar! —pensó, dando un giro alegre.
Buscaba la ramita perfecta, un lugar seguro y acogedor para su nuevo hogar. Se posó suavemente en una rama robusta, mirándola con atención. Parecía fuerte y lista.
—Esta es buena —gorjeó, moviendo su cabeza.
Cantorín, satisfecho, decidió que esa sería su casita. El sol de la tarde comenzaba a teñir el cielo de suaves amarillos. Ya imaginaba su nido.
—¡Pío-pío, pío-pío! —cantó con alegría, preparándose para empezar.
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