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Botoncito y la Danza de Luz

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Portada de Botoncito y la Danza de Luz
3-7 años 5 min

Botoncito y la Danza de Luz

Un pequeño botón descubre su magia y llena de alegría el hogar.

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Botoncito, un botón blanco, rueda solo y triste por el suelo de madera.

Érase una vez, en una casa donde la risa sonaba como campanas, vivía un pequeño botón de camisa llamado Botoncito. ¡Plin! Un día, se soltó de su tela y rodó, rodó, rodó por el suelo de madera. Botoncito, redondito y brillante, se sentía tan pequeñito y tan solo. Miraba los hilos de polvo danzar, y pensaba con un pequeño suspiro: —¡Rodar, rodar, Botoncito, ¿qué más puedo yo hacer?—. Él no sabía que tenía un propósito especial, que su brillo guardaba un secreto, ni que su corazón de nácar pronto encontraría un hogar muy especial.

Botoncito, el botón, se encuentra bajo un rayo de sol y empieza a brillar.

Así rodaba Botoncito, día tras día, bajo mesas y sillas, sintiendo el suelo frío. Pero una tarde, un rayo de sol travieso se coló por la ventana, aterrizando justo donde Botoncito se había detenido. ¡Zas! La luz lo envolvió. Botoncito, sorprendido, sintió un cosquilleo mágico. ¡Oh, sorpresa! Cuando giraba, la luz se pegaba a él, y al moverlo, ¡proyectaba pequeños puntitos luminosos que bailaban en la pared! Era como si el sol le hubiera regalado un poder secreto, un ballet de estrellas diminutas.

Botoncito proyecta luces que el gato Miau persigue alegremente en la pared.

—¿Qué es esto? ¿Soy yo? —pensó Botoncito, haciendo girar la luz. Justo en ese momento, apareció Miau, el gato de la casa, con sus grandes ojos verdes y curiosos. Miau se estiró, bostezó con un —¡Miau-u-u!— largo y vio los puntitos de luz. Botoncito, nervioso pero esperanzado, hizo bailar los patrones. —Le gustará? ¿O solo soy un botón tonto? —se preguntó, volviendo a su frase rítmica: —¡Rodar, rodar, Botoncito, ¿qué más puedo yo hacer?—. Miau, al ver el juego de luces, movió su cola de un lado a otro, ¡y comenzó a cazar los puntitos como si fueran mariposas de luz!

Miau el gato salta y juega con los patrones de luz que Botoncito crea en la pared.

—¡Miau! ¡Miau! —ronroneó Miau, saltando y jugando. Los rayos de luz de Botoncito eran un espectáculo. Las sombras de la pared cobraban vida, transformándose en peces plateados y pajaritos dorados que bailaban al ritmo de los giros de Botoncito. Él, un pequeño botón, estaba creando alegría y maravilla. La luz, que antes era solo luz, ahora era su amiga, su compañera de juegos. Botoncito, con cada giro, sentía su corazón de nácar latir con un ritmo nuevo, un ritmo de amor y pertenencia. —No era esto mejor que ser solo un botón? —pensaba Botoncito. ¡Claro que sí!

Botoncito, el botón, rueda feliz y confiado, mientras Miau el gato lo mira con alegría.

Desde aquel día, Botoncito ya no se sintió insignificante. Cada tarde, cuando el sol entraba, él rodaba con propósito y alegría. Miau lo esperaba, listo para su danza de luces. —¡Rodar, rodar, Botoncito, esto es lo que puedo hacer! —se decía ahora, orgulloso. Aunque seguía siendo un botón suelto, su corazón estaba lleno de luz y amor, sabiendo que su pequeño brillo hacía feliz a Miau, y eso, para Botoncito, era ser el botón más importante de toda la casa. Y así, rodaba, rodaba, rodaba, siempre con una luz danzarina en su alma.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?