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Boo-Blando y la Calabaza Saltarina

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Portada de Boo-Blando y la Calabaza Saltarina
5-6 años 5 min

Boo-Blando y la Calabaza Saltarina

Un dulce susto que rebotó de alegría

Halloween fantasmas calabazas humor amistad descubrimiento
Boo-Blando, un fantasma redondo como un malvavisco, intenta asustar pero solo suena '¡Mooooo!' mientras un murciélago pasa volando.

Boo-Blando era un fantasma diminuto, tan redondito y esponjoso como un malvavisco recién horneado. Esa víspera de Halloween, flotaba por el aire, ansioso por su primera gran misión: ¡asustar! Practicó su "¡Booo!" más aterrador, inflando sus mejillas suaves. Pero de su boquita apenas salió un tierno "¡Mooooo!", como una vaquita muy simpática. Un murciélago que pasaba por allí, en lugar de asustarse, le dio una suave palmada en su cabecita y siguió su vuelo, dejando a Boo-Blando un poco confundido en medio de las hojas anaranjadas.

Boo-Blando sigue intentando asustar con '¡Mooooo!' y se acerca a una calabaza tallada en un porche.

“¡Mooooo!”, volvió a intentar Boo-Blando, rebotando un poco. “¡Mooooo!”, repitió, con más fuerza, pero el sonido seguía siendo igual de dulce. Ni las arañas de mentira ni los gatos negros de cartón le hacían caso. Flotó y flotó, buscando algo a lo que asustar de verdad. De pronto, vio una calabaza tallada, con una sonrisa grande y vacía, justo en el porche de una casa. “¡Ahí va!”, pensó Boo-Blando, reuniendo todo su coraje de malvavisco. Se acercó despacito, listo para su "¡Booo!" definitivo.

Boo-Blando tropieza y cae de cabeza dentro de la calabaza, su cuerpo de malvavisco comienza a derretirse.

Con un gran impulso, Boo-Blando se lanzó hacia la calabaza, preparando su voz. Pero sus patitas invisibles tropezaron con una hojita juguetona y... ¡ZAS! ¡PLOF! Cayó de cabeza justo dentro del hueco de la calabaza. Su cuerpecito de malvavisco, tibio y blando, empezó a derretirse un poquito, como si fuera crema, y se mezcló con el interior anaranjado y dulce. Boo-Blando parpadeó, sintiéndose extrañamente cómodo y... ¡pegajoso! La calabaza, antes inmóvil, dio un pequeño ñiiiiic, como si despertara.

La calabaza con Boo-Blando dentro flota y rebota como una pelota, mientras unos niños disfrazados ríen y la señalan.

De repente, la calabaza entera dio un pequeño brinco. ¡PUM! Luego otro, y otro, como si tuviera resortes invisibles. Empezó a flotar, ¡flup, flup!, y a rebotar por el porche como una pelota gigante de baloncesto, ¡boing, boing, boing!. Los niños que pasaban disfrazados por la calle se quedaron boquiabiertos. “¡Mira, mira!”, gritó uno, “¡Es el disfraz de calabaza que salta más divertido de todo Halloween!”. Reían a carcajadas, señalando la calabaza que no paraba de hacer ¡bip, bop, boing!.

La calabaza de Boo-Blando sigue rebotando, rodeada de niños felices que disfrutan de su magia en la noche de Halloween.

Dentro de la calabaza, Boo-Blando sintió una cosquillita de alegría. Ya no era solo un fantasma; ¡era un fantasma-calabaza saltarina! Escuchó las risas de los niños, las risas más dulces que jamás había oído. Se dio cuenta de que no necesitaba decir "¡Booo!" ni "¡Mooooo!" para que la víspera de Halloween fuera mágica y divertida. Solo necesitaba rebotar, flotar y hacer ¡boing! para llenar de alegría a todos. Y así, la calabaza de Boo-Blando siguió saltando, siendo la estrella más esponjosa y feliz de la noche.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?