El arroyo, con sus aguas claras y frescas, acuna las piedritas pulidas que brillan bajo el sol. Es aquí donde Aleta-Veloz, un pececito ágil, comienza su danza suave.
Un viaje suave por las aguas del arroyo
El arroyo, con sus aguas claras y frescas, acuna las piedritas pulidas que brillan bajo el sol. Es aquí donde Aleta-Veloz, un pececito ágil, comienza su danza suave.
El agua murmura un secreto. Aleta-Veloz se desliza, su cuerpo pequeño y brillante. La corriente lo lleva con suavidad, como si lo acunara en su viaje.
Entre las plantas acuáticas que se mecen como cabellos verdes y las piedritas que forman un camino, Aleta-Veloz se esconde y luego asoma, mirando con atención. El arroyo lo envuelve con su frescura.
Así, Aleta-Veloz nada libremente. Siente la caricia del agua y deja que su colita juegue con la corriente. Es parte de este mundo líquido que lo envuelve sin parar.
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