S

Púas y la Escalera de Estrellas

1/5
Portada de Púas y la Escalera de Estrellas
5-6 años 4 min

Púas y la Escalera de Estrellas

Hasta el más pequeño tenedor puede encontrar un gran propósito bajo la luna.

curiosidad transformación noche ayuda autoestima
Púas, un tenedor de plástico, mira por el cajón a la luna y las estrellas.

Te acuerdas de Púas, ¿verdad? Un pequeño tenedor de plástico de picnic, que vivía en un cajón oscuro y profundo. Cada noche, cuando la luna plateada se asomaba por la ventana, tú, Púas, sentías un leve cosquilleo de tristeza. Veías las cucharas, los cuchillos y las cucharitas, todos con sus historias de helados y pasteles, pero tú, Púas, te sentías inútil. "¡Ploc!", sonaba a veces el cajón al moverse un poco, y tú suspirabas, deseando una aventura, un propósito bajo las estrellas.

Púas, el tenedor, se clava en una sandía mientras una mariquita sube.

Pero una noche, una noche muy especial, el aire fresco de la brisa nocturna te trajo un aroma dulce y afrutado. ¿Qué sería? Tú, Púas, con tus pequeños dientes, sentías una curiosidad inmensa. ¿Qué había más allá de los otros cubiertos, más allá del borde de la mesa del picnic? Y con un valor que no sabías que tenías, te asomaste, te deslizaste, y caíste suavemente sobre el mantel, justo al lado de una enorme y redonda sandía.

La sandía, con su piel verde oscura y su interior rojo brillante, parecía una montaña jugosa. De repente, una diminuta mariquita de lunares rojos intentó subir, pero sus patitas resbalaban. Tú, Púas, la observaste con atención. ¿Podría ayudarla? Pensaste. Con una valentía que crecía en tu corazón de plástico, te inclinaste y, con cuidado, te clavaste suavemente en la pulpa rosada de la sandía. "¡Plic!", hiciste al entrar, apenas un susurro.

Púas, el tenedor, es una escalera para que muchos insectos suban a la sandía.

La mariquita, sorprendida, te miró y luego, con alegría, empezó a subir por tus púas como si fueran una escalera hecha a medida. ¡Lo habías logrado!
— ¡Oh, qué sandía tan jugosa! —exclamó la mariquita desde arriba. — ¡Gracias, Púas!
Y tú, Púas, te sentías tan orgulloso. Poco después, una hormiguita curiosa se acercó.
— Pero, ¿cómo subiré? —preguntó la hormiguita, mirando a la mariquita.
— ¡Mira, amiga! —dijo la mariquita, señalando tus púas. La hormiguita también subió, y luego un escarabajo verde, y luego una pequeña arañita. Cada vez que uno se agarraba, un suave "¡Plec!" resonaba, como una pequeña nota de alegría.

Así, bajo la luz plateada de la luna y el centelleo de las estrellas, tú, Púas, te convertiste en un puente seguro, en una escalera mágica. La sandía se llenó de risas diminutas y el murmullo feliz de los pequeños insectos que disfrutaban de su festín. La noche era serena, el aire fresco, y tú, Púas, te sentías el tenedor más importante del mundo, con tu corazón de plástico lleno de una alegría enorme. Y al final de la noche, cuando el último insecto se despidió, un suave y satisfecho "¡Pluc!" te acompañó mientras te quedabas dormido, soñando con nuevas aventuras bajo el cielo estrellado.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?