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Pipo y la Manta de Invisibilidad

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Portada de Pipo y la Manta de Invisibilidad
6-7 años 3 min

Pipo y la Manta de Invisibilidad

Un rastro de pintura azul y un bosque de algodones.

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Un mapache con pajarita verde se pone una manta de cuadros rojos en un bosque de árboles espirales.

Pipo el mapache ha encontrado un tesoro entre los arbustos del Bosque Chiflado.

Es una manta de cuadros rojos, vieja y algo deshilachada, pero para él es perfecta.

—¡Con esto seré el Mapache Invisible! —anuncia Pipo mientras se envuelve en la tela.

Él siente la lana áspera rozando sus orejas y el aroma a lavanda vieja.

Convencido de su nuevo poder, camina de puntillas sobre las hojas secas del camino.

Cada paso suena con un crujido suave que a Pipo le parece un gran secreto.

El mapache bajo la manta roja pasa caminando bajo la escalera de unos pájaros pintores.

Pipo se acerca al roble donde los pájaros carpinteros están pintando una valla nueva.

Como cree que nadie puede verlo, decide pasar justo por debajo de sus escaleras de madera.

Los pájaros se guiñan un ojo al ver la manta roja moviéndose sola por la hierba fresca.

Ellos escuchan el shhh-shhh de la tela arrastrándose y aguantan la risa con esfuerzo.

Pipo contiene el aliento, caminando con la barriga metida para no hacer ni un ruido.

Está tan concentrado en su misión que no ve el gran cubo que cuelga sobre él.

Pintura azul cayendo sobre el mapache y su manta roja, creando un gran desorden de colores.

¡Zas! Pipo tropieza con la pata de la escalera y el cubo de arriba se tambalea peligrosamente.

Una cascada de pintura azul brillante cae de golpe sobre la manta y sobre el pobre mapache.

Pipo siente el líquido frío y pegajoso empapando su pelaje y su pajarita verde lima.

—¡Socorro, me estoy volviendo de color cielo! —grita Pipo dando saltos de total sorpresa.

La manta roja ahora tiene enormes manchas azules que gotean ruidosamente sobre el suelo.

Los pájaros sueltan una carcajada sonora que hace vibrar todas las hojas del viejo roble.

Un mapache azul corriendo por un campo de dientes de león mientras las semillas blancas se le pegan al cuerpo.

Asustado y muy pegajoso, Pipo corre a toda velocidad hacia el campo de los dientes de león.

Él piensa que si se esconde entre las flores blancas, la pintura dejará de brillar tanto.

Pero al saltar sobre el prado, miles de semillas blancas se pegan a su cuerpo húmedo.

Se siente como si mil hormigas invisibles le estuvieran haciendo cosquillas en la punta de la nariz.

Pipo intenta quitarse las semillas, pero cuanto más se mueve, más algodón se le queda pegado.

Sus patas parecen ahora grandes nubes blancas que rebotan con torpeza contra la tierra húmeda.

El mapache transformado en una bola de pelusa azul y blanca se mira en el río mientras sacude su cola morada.

Pipo se detiene frente al estanque y mira su extraño reflejo en el agua cristalina.

Ya no es un mapache gris, sino una enorme bola azul decorada con miles de plumas blancas.

Su pajarita verde lima apenas asoma entre tanto algodón esponjoso, suave y muy brillante.

—¡Rayos! —exclama Pipo con un fuerte estornudo—. ¡Ahora soy una nube con patas!

Él sacude con fuerza su cola de rayas moradas para quitarse el picor de las semillas.

Una lluvia de pelusas blancas despega de su cuerpo y flota sobre el río como nieve de verano.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?