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Nimbus y la Sinfonía de los…

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Portada de Nimbus y la Sinfonía de los Sonidos
5-6 años 3 min

Nimbus y la Sinfonía de los Sonidos

La curiosidad nos abre puertas a nuevas amistades y descubrimientos.

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Nimbus, una nubecita blanca, flotando alto en el cielo azul, mirando hacia abajo con curiosidad.

Yo soy Nimbus, una nubecita muy curiosa. Siempre me gustó mirar hacia abajo desde lo alto del cielo azul. Un día, mientras flotaba suavemente, sentí un cosquilleo de aburrimiento. Entonces, ¡zas!, escuché un sonido bajito, como un susurro dulce. Era un... ¡Zzzz! ¿Qué sería? Mi corazón de nube dio un saltito de emoción, y yo, sin pensarlo dos veces, decidí ir a investigar.

Nimbus flotando cerca de una abejita dormida en una flor de lavanda en un campo soleado.

Así que yo bajé, más y más suave, más y más despacito, hasta que vi una abejita muy redonda y dormilona sobre una flor de lavanda. Ella seguía haciendo ¡Zzzz! con su nariz. Yo me acerqué con cuidado y le pregunté: —Hola, abejita. ¿Por qué haces ‘Zzzz’ tan fuerte? La abejita, entre un bostezo, me contestó: —Zzzzzzz, yo sueño con el polen más rico. ¡Y justo en ese momento, escuché otro sonido, mucho más grande! ¡Muuuu!

Nimbus flotando junto a una vaca amigable que pasta en un campo verde bajo un cielo azul.

Yo, siempre tan curioso, me despedí de la abejita soñadora y seguí ese nuevo sonido. Fui flotando, flotando, más cerca, más cerca del suelo, hasta que llegué a un campo verde. ¡Y allí estaba! Una vaca enorme y amigable masticaba hierba, haciendo ¡Muuuu! con cada mordisco. Yo, con mis nubecitas aleteando, le pregunté: —Señora vaca, ¿por qué dice ‘Muuuu’? La vaca, con una sonrisa, me explicó: —Muuuu, porque la hierba está deliciosa. Pero antes de que pudiera preguntarle más, oí otro sonido, distinto y saltarín. ¡Croac!

Nimbus flotando sobre un estanque, observando una ranita verde en una hoja de nenúfar.

¡Un nuevo misterio! Yo seguí el ¡Croac! ¡Croac! hasta un estanque brillante. Allí encontré a una ranita pequeñita y verde, saltando de una hoja a otra. Ella me miró con sus ojos grandes. —¡Hola, ranita! ¿Y tú, qué haces? —le pregunté con una sonrisa. La ranita respondió: —Croac, croac, yo salto porque el sol me da energía. Y en ese instante, entendí algo maravilloso: cada sonido que yo escuché era una parte de la gran aventura de la vida, y cada amigo que yo conocí me enseñó algo nuevo. ¡Qué divertido es ser curioso!

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?