Mateo mide la distancia con los ojos entrecerrados. El taburete de madera cruje bajo sus pies descalzos como una rama vieja.
Arriba, el tarro de cerámica brilla como un trofeo inalcanzable. Solo un poco más y el bizcocho será una sorpresa, piensa mientras estira los dedos hacia el borde frío de la tapa.