S

Nalu y la Semillita Brillante

1/5
Portada de Nalu y la Semillita Brillante
7 años 5 min

Nalu y la Semillita Brillante

La luz que compartes siempre ilumina tu propio camino.

generosidad inclusión amistad superación de miedos naturaleza
Nalu, una luciérnaga con un gorro de hoja, brilla suavemente en un huerto escolar nocturno lleno de flores y luz de luna.

Yo soy Nalu, la luciérnaga, y cada noche, mi trabajo es encender mi pequeña luz en el huerto escolar. Bzzzz, voy de aquí para allá, entre los tallos de albahaca y las flores de jazmín que desprenden un aroma tan dulce que casi me da sueño. Mi luz es como un pequeño faro que danza suavemente en la oscuridad, una estrella que decide volar. Pero, a veces, tengo un miedo chiquitín: ¿y si mi luz es demasiado brillante y despierta a las pequeñas semillas o a los caracoles que duermen bajo la tierra? El silencio de la noche es como una manta suave que no quiero perturbar, y yo, con mi brillo, siempre me pregunto si estoy haciendo ruido. Yo soy pequeña, sí, pero mi luz es grande y a veces me siento un poco sola, observando todo desde mi hojita de menta.

Nalu ilumina con su luz a una pequeña y triste Semillita Pip que está perdida entre raíces en el huerto.

Una noche, mientras los grillos cantaban su cri-cri rítmico, oigo un pequeño sollozo. No es el viento, no es un búho. Es un sonido diminuto, casi inaudible. Yo, curiosa, me acerco volando, mi luz parpadeando con cuidado. Y allí, acurrucada junto a un terrón de tierra, está Semillita Pip, una semillita muy pequeña, con una carita triste y un poco de rocío en su caparazón.

—¡Oh, Nalu! —susurra Pip, con un hilillo de voz—. Yo no encuentro mi rincón más calentito. Me he movido sin querer y ahora todo es demasiado oscuro, y estas raíces son como espaguetis gigantes. Yo quiero dormir, yo quiero soñar, pero no puedo encontrar mi lugar. Yo decido ayudarla, mi miedo se olvida por un instante. Yo, con mi luz, iluminaba el camino para cada paso de Semillita Pip. Uno, un sendero claro. Dos, una hojita donde apoyarse. Tres, un pequeño salto sobre una raíz. Y así, con cada pequeña ayuda, yo contaba los pasos seguros de Pip, hasta que, juntos, habíamos dado diecisiete pasos firmes hacia su dulce hogar.

Nalu brilla con confianza mientras Semillita Pip duerme acurrucada, y otras criaturas del huerto disfrutan de su luz suave.

Finalmente, llegamos a un pequeño hueco bajo una flor de caléndula, el lugar perfecto para Semillita Pip. Ella se acurruca, se estira y bosteza, sintiendo el calor de la tierra. —¡Oh, Nalu! Tu luz es la más suave y cálida del mundo —susurra Pip, acurrucándose y cerrando los ojos. En ese momento, mi pequeño miedo se desvanece como el rocío con el sol. Mi luz no asusta, mi luz acuna. ¡Pling! Mi brillo se vuelve más firme, más confiado. Yo veo que otras pequeñas criaturas, un gusanito y una cochinilla, asoman sus cabezas, buscando un poquito de mi luz para sentirse seguros. Y yo, con una sonrisa en mi brillo, les doy a todos una pizquita de mi luz, compartiendo mi calor.

Yo regreso a mi hojita de menta, mi lugar favorito. El huerto dormía, acunado por la luna y por mi luz, y yo sentía mi corazón tan grande como el cielo estrellado. Mi luz ya no me parecía solitaria, sino unida a la de todos. Y así aprendí que mi luz, y la generosidad de compartirla, nunca es demasiado grande. Siempre hay un rincón donde puede brillar y hacer que otros se sientan seguros y acompañados. La luz que das, siempre vuelve a ti, calentando tu propio corazón.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?