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Las Voladoras y el Sonido Mágico

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Portada de Las Voladoras y el Sonido Mágico
3-4 años 2 min

Las Voladoras y el Sonido Mágico

Un pequeño sonido puede guiar a todos con valentía.

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Una pequeña semilla de amapola llamada Pipita baila con otras semillas en un campo de amapolas.

Las Voladoras eran unas semillas de amapola, muy, muy pequeñitas, que vivían en un campo lleno de flores rojas. El viento suave las movía de un lado a otro, ¡como si bailaran una danza sin fin! Eran ligeras como pequeñas hadas, y cada vez que el viento las empujaba, ellas reían con un suave susurro. Pero a veces, cuando el viento soplaba un poquito más fuerte, una Voladora llamada Pipita sentía un cosquilleo de duda y pensaba: —¿Y ahora qué, qué hacemos, qué será? Ellas solo querían encontrar su lugar y ayudar a las abejas a descubrir las flores más altas y dulces.

Pipita y otras semillas chocan en el viento, creando un sonido, mientras una abeja curiosa escucha.

Un día, el viento sopló con muchísima fuerza, y las Voladoras volaron más alto que nunca. ¡Parecían diminutas burbujas en el cielo! Chocaban suavemente entre sí, una con otra, y de repente... ¡clinc, clinc! Un sonidito mágico empezó a sonar. Era un tintineo suave, como campanitas muy pequeñas. Al principio, Pipita y sus amigas Voladoras se asustaron un poco. —¿Y ahora qué, qué hacemos, qué será? —murmuró Pipita, mientras el viento las empujaba. El sonido era nuevo, y no sabían qué hacer con él. Pero las abejas, que zumbaban un poco perdidas, levantaron sus antenas, como si escucharan algo importante.

Pipita y las semillas chocan alegremente, produciendo música que guía a las abejas hacia las flores.

Las Voladoras se miraron. ¿Y si ese sonido, ese clinc, clinc, era una señal? Con un poquito de valentía en sus corazones, Pipita decidió chocar con una amiga, y luego otra, y otra. ¡Clinc, clinc, clinc! El sonido se hizo más fuerte, como una pequeña orquesta de semillas. Las abejas, guiadas por esa música dulce, volaron directo hacia las flores más altas, llenas de néctar delicioso. Las Voladoras sintieron una alegría enorme. Habían descubierto que su pequeño tintineo era una llamada valiente que ayudaba a todos. Y así, las Voladoras y las abejas se hicieron grandes amigas, bailando y cantando juntas en el campo de amapolas.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?