Humberto estira su brazo cortito para alcanzar el cucurucho más alto del mundo. Su bigote violeta vibra de la emoción mientras el heladero apila cincuenta bochas de frutilla brillante. El cono pesa tanto que sus piernas de fideo se hunden en el pasto de crayón verde. Humberto piensa que hoy por fin podrá probar el sabor de las nubes más altas. Mira hacia arriba y solo ve una torre infinita de color rosa.