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La siesta de frutilla de Humberto

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Portada de La siesta de frutilla de Humberto
5-6 años 2 min

La siesta de frutilla de Humberto

Un techo pegajoso bajo el sol de crayón

humor helados colores imaginacion
Un hombre diminuto con un bigote violeta gigante sostiene un helado de cincuenta bochas mientras sus pies se hunden en el pasto.

Humberto estira su brazo cortito para alcanzar el cucurucho más alto del mundo. Su bigote violeta vibra de la emoción mientras el heladero apila cincuenta bochas de frutilla brillante. El cono pesa tanto que sus piernas de fideo se hunden en el pasto de crayón verde. Humberto piensa que hoy por fin podrá probar el sabor de las nubes más altas. Mira hacia arriba y solo ve una torre infinita de color rosa.

Humberto trepa por una torre altísima de bochas de helado rosa usando sus manos y pies.

El helado crece y crece hasta que la última bocha rasca la panza de un pájaro distraído. Humberto trepa por las bolas de crema usando sus botas amarillas que hacen un ruido chillón, ¡ñic, ñic!, sobre el hielo. Sus ojos saltones miran hacia abajo y ve que la gente parece hormiguitas de tinta negra. Tiembla un poco, pero el olor dulce a chicle lo empuja a seguir subiendo. Siente el frío en sus dedos, pero no se detiene.

La torre de helado se dobla como un arco iris rosa y Humberto cuelga de ella con una expresión de sorpresa.

De pronto, un mosquito se apoya en la punta y el helado se dobla como un alambre de goma. La torre cruje y se convierte en un puente rosa que cruza todo el parque de lado a lado. Humberto se agarra fuerte de su gorro amarillo para no salir volando por el aire frío del ambiente. En lugar de asustarse, nota que el puente es muy suave y no se rompe. El helado ahora parece una montaña acostada que espera ser explorada.

Humberto duerme plácidamente sobre una bocha de helado gigante usando su gorro como almohada.

Humberto camina por el pasillo de frutilla y decide que ya no tiene ganas de lamer nada. Se saca las botas, bosteza con una boca del tamaño de un túnel y se acomoda en la bocha número cuarenta. El frío del helado lo envuelve como una manta de algodón dulce y pegajoso que huele a merienda. Humberto cierra los ojos y se hunde en la crema rosa, abrazando su gorro amarillo como si fuera un oso de peluche.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?