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Espino y el Abrazo del Viento

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Portada de Espino y el Abrazo del Viento
7 años 4 min

Espino y el Abrazo del Viento

Descubriendo que la fuerza reside en ser uno mismo.

resiliencia autoestima amistad fábula naturaleza
Un pequeño cactus verde llamado Espino en un alféizar soleado, con expresión de soledad.

En un alféizar muy soleado, donde los rayos de sol bailaban como luciérnagas doradas, vivía un pequeño cactus llamado Espino. Espino era verde y redondito, pero se sentía solo y un poco asustado por sus propias espinas, que sobresalían como pequeños soldados puntiagudos. Creía que nadie se atrevería a acercarse. El viento soplaba y cantaba, ¿qué pensaba Espino? Él se encogía, solito y tembloroso, pensando: —¡Ay, mis espinas! Pinchudas y solitarias.

Una mariposa azul y naranja volando hacia un cactus en un día ventoso.

Un día, el cielo se tiñó de un azul tan profundo como un lago de tinta, y una brisa juguetona comenzó a danzar. De repente, una mariposa de alas azul cobalto y manchas anaranjadas, llamada Lira, apareció en el horizonte, volando de flor en flor. Lira, exhausta de tanto batir sus alas, buscaba un lugar seguro donde descansar. El viento soplaba y cantaba, ¿qué pensaba Espino? Él sentía un ¡ñiic, ñiic! en su interior, deseando que Lira no se acercara.

La mariposa Lira es empujada por el viento hacia el asustado cactus Espino.

La mariposa Lira, con sus ojos de perla brillante, divisó el verde hogar de Espino. El cactus, al verla tan cerca, cerró un poco sus poros invisibles, esperando que pasara de largo. Pero el viento, con un ¡fuuuush! inesperado, empujó a Lira directamente hacia él. Espino contuvo la respiración, preparándose para el inevitable pinchazo. Lira, con una gracia tan ligera como una pluma de nube, se posó justo entre sus espinas.

La mariposa Lira descansa felizmente entre las espinas del sorprendido cactus Espino.

— ¡Oh, qué bien se está aquí! —suspiró Lira, moviendo suavemente una de sus antenas. Espino no podía creerlo. —¿ No te pincho? —preguntó Espino, su voz apenas un murmullo arenoso. Lira rió, un sonido como el tintineo de campanillas diminutas. — ¡Al contrario, pequeño amigo! Tus espinas son como pequeñas manos que me sujetan fuerte. Son mi ancla en este viento travieso. El viento soplaba y cantaba, ¿qué pensaba Espino? Él sentía su corazón de cactus ¡pum-pum!, ahora pensando: —¡Mis espinas! Fuertes y protectoras.

Espino y Lira, la mariposa, disfrutan juntos de un hermoso atardecer, felices y en paz.

Desde aquel día, Espino nunca volvió a temer sus espinas. Entendió que lo que antes consideraba una debilidad, era en realidad su mayor fortaleza, un refugio seguro para quien lo necesitaba. Lira venía a visitarlo a menudo, y juntos veían el sol ponerse, mientras el viento susurraba historias lejanas. Y así, Espino aprendió que, a veces, lo que nos hace diferentes es precisamente lo que nos hace especiales, capaces de ofrecer un hogar y protección inesperados.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?