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El Secreto Gentil de Rodillo

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Portada de El Secreto Gentil de Rodillo
5-6 años 4 min

El Secreto Gentil de Rodillo

Un guijarro que enseña la magia de la honestidad y la empatía en el río.

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Rodillo, un guijarro de rayas de colores, chocando suavemente con otro guijarro para crear patrones de hojas en el agua, mientras peces de colores nadan contentos.

Yo era Rodillo, un guijarro pequeño y redondo, con unas rayas de colores que parecían pintadas por el sol. Vivía muy feliz en la orilla, justo donde el agua del río me acunaba suavemente. Mi cosa favorita era deslizarme un poquito bajo el agua y, ¡zas!, chocar con otros guijarros dormilones. No era un choque brusco, no, era más bien un abrazo acuático. Y al hacerlo, una pequeña corriente mágica nacía de mí, como un suspiro del río. Esa corriente ordenaba las hojas caídas en patrones bonitos, como estrellas o espirales, y los pececitos de colores venían nadando, sus colas brillando como abanicos de seda, para jugar entre mis creaciones. Era un momento de pura alegría para todos, y yo me sentía tan útil como un faro de río.

Roca Ponderosa, un guijarro grande y gris, revuelve el agua y las hojas, asustando a los peces, mientras Rodillo lo mira preocupado.

Un día, mientras yo dibujaba una espiral perfecta, apareció un guijarro nuevo, enorme y gris, que se hacía llamar "Roca Ponderosa". Él me miró con sus dos ojitos de musgo y dijo con voz profunda: —¡Rodillo! Esas hojas están desordenadas. ¡Déjame ayudarte! —Y sin esperar, Roca Ponderosa se lanzó al agua con un gran chapuzón, moviendo todo con fuerza. Las hojas volaron por todas partes, los patrones se deshicieron y los pececitos, asustados, se escondieron detrás de las rocas. Mi corazón de guijarro se encogió. ¿Cómo podía explicarle a Roca Ponderosa que su ayuda no era la que necesitábamos? Oh, rayas de mis dudas, ¿qué hago ahora? Las burbujas alrededor parecían preguntarme: "¿Dirás la verdad, Rodillo? ¿O dejarás que la alegría se escape?"

Rodillo muestra a Roca Ponderosa cómo crear patrones de hojas suavemente. Los peces de colores nadan felices en los nuevos patrones.

Miré a los pececitos, que aún temblaban un poco. Sentí una punzada de empatía por su juego perdido. Entonces, me armé de valor y me acerqué a Roca Ponderosa, que estaba orgulloso de su "limpieza". —Roca Ponderosa —le dije con mi voz más suave—, a veces, la ayuda más grande es la más delicada. Mira. —Y con mucho cuidado, le mostré cómo, al rozar los guijarros con gentileza, al acariciar el agua con cariño, las hojas volvían a encontrar su lugar en un remolino de sueños. Los pececitos, curiosos, salieron de sus escondites y, al ver la nueva estrella de hojas, empezaron a bailar de nuevo. Roca Ponderosa me miró, y sus ojitos de musgo se abrieron de par en par. —¡Qué maravilla, Rodillo! —dijo—. Nunca imaginé que ser gentil podía ser tan poderoso. Desde aquel día, Roca Ponderosa aprendió a mover las cosas con suavidad y atención, y juntos, con honestidad y empatía, hicimos del río un lugar aún más mágico y lleno de juegos para todos.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?