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Cortito y las Alas de Papel

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Portada de Cortito y las Alas de Papel
5-6 años 5 min

Cortito y las Alas de Papel

Con perseverancia e imaginación, lo imposible puede volar.

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Cortito, las tijeras, mirando un papel de origami en su estuche.

Yo soy Cortito, unas pequeñas tijeras que viven en el estuche de manualidades de una niña llamada Ana. Mi mundo es de colores brillantes y papeles que esperan ser transformados. Cada día, yo cortaba líneas, siempre rectas, ¡siempre rectas! Mis hojas metálicas decían: —¡Cric, cric!— al deslizarse sobre el papel, creando cuadrados perfectos y tiras ordenadas. Pero una parte de mí, mi pequeño corazón de metal, soñaba con algo más, algo que fuera curvo, que volara. ¿Podría yo, Cortito, hacer algo diferente?

Un día, Ana estaba doblando un papel para hacer un insecto de origami, pero le faltaban las alas. Yo la miraba, y el papel me susurraba: «¡Ayúdame, Cortito! Quiero volar.» Mi misión era cortar, pero no sabía cómo hacer alas. Pensé: ¿Qué hago? ¿Sigo con mis líneas rectas de siempre, o me atrevo a explorar? Decido intentar algo nuevo. Con un poquito de miedo, me acerco a la hoja. Uno, doy un corte recto, ¡plop!, pero no se curva. El papel sigue plano. No me rindo.

Cortito haciendo pequeños cortes en un papel, que empieza a curvarse.

No, no me rindo. El sol de la tarde entra por la ventana y me ilumina, como animándome. Vuelvo a intentarlo. Dos, doy un corte un poco más corto, ¡snip!, pero sigue sin parecer un ala. El papel parece decir: —¡Casi, Cortito, casi!— Siento un cosquilleo en mis mangos de plástico. Mis hojas, que siempre habían sido tan serias, ahora vibran con una nueva idea. ¿Y si no es un gran corte, sino muchos pequeños?

Con mi imaginación volando como una mariposa, pienso en cómo las hojas de los árboles se mueven con el viento. Respiro hondo (o lo que es un hondo para unas tijeras) y me concentro. Tres, empiezo a hacer pequeños, pequeñísimos cortes en el borde del papel, uno al lado del otro. ¡Tic, tac, tic, tac! El papel, poco a poco, empieza a soltar sus bordes. ¡Oh, mira! Se doblan, se curvan, ¡se liberan! ¡Fiu, fiu! Mis ojos de tornillo se abren sorprendidos. ¡Son alas! Pequeñas y delicadas, listas para un insecto de papel.

Cortito orgulloso, viendo un insecto de origami con alas curvadas.

Ana toma el papel, ahora con esas preciosas alas onduladas, y lo dobla con cuidado. ¡Qué maravilla! El pequeño insecto de origami parece que va a echar a volar en cualquier momento. Yo, Cortito, siento una alegría suave y cálida. Aprendí que la perseverancia y la imaginación pueden transformar una simple línea recta en algo mágico. Ahora sé que no solo corto, sino que también libero sueños. Y cada noche, antes de dormir, cierro mis hojas y sueño con más alas, más curvas, más historias esperando ser cortadas y liberadas, llenando el mundo de color y movimiento, tranquilamente, hasta el amanecer.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?