Yuki sumerge las manos en el agua clara del arroyo. Las piedras del fondo parecen tesoros escondidos bajo la corriente fría y cristalina.
Kaito y Hana las recogen con cuidado y las ponen en una cesta de mimbre trenzado.
Si las frotamos con arena, brillarán como espejos.
Yuki lo dice con entusiasmo porque tiene un plan.
Quieren conseguir las doce oris necesarias para comprar el set de pinceles de la papelería de la esquina. Necesitan trabajar juntos para que las piedras sean las más bonitas del mercado local.