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Dilo y el canto de la…

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Portada de Dilo y el canto de la noche
6-7 años 3 min

Dilo y el canto de la noche

Una melodía suave para cerrar los ojos

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Un pequeño robot blanco con articulaciones turquesas camina por un jardín oscuro bajo las estrellas.

Ya es hora de preparar la cama y cerrar un poquito los ojos. Vamos a escuchar la historia de un pequeño amigo de metal y porcelana.

Dilo es un robot blanco y brillante, tan pequeño que cabe en una caja de zapatos. Sus rodillas son círculos de color turquesa que hacen un ruido suave al caminar.

Esta noche, Dilo camina por el Jardín de los Ecos con un propósito especial. Necesita encontrar tres sonidos pequeños para armar una canción de cuna.

Sus pies golpean las piedras del camino con un rítmico clinc-clanc.

Dilo ajusta su antena amarilla, que brilla como una pequeña vela en la oscuridad.

El robot Dilo se inclina para observar a un grillo turquesa sobre una piedra blanca.

De pronto, una vibración cruza el aire y hace que Dilo se detenga en seco. Entre dos briznas de hierba azul, descubre a un grillo de color turquesa.

El grillo frota sus alas y produce un sonido seco, casi como un secreto.

— ¿Me prestas tu nota para mi canción? — pregunta Dilo con su voz de campana.

El grillo asiente y vuelve a frotar sus alas: cri-cri.

Dilo atrapa el sonido en su pecho de porcelana y siente un cosquilleo eléctrico. Ese pequeño golpe rítmico es el latido que su canción necesitaba.

Dilo frente a una gran flor blanca que vibra suavemente en la noche azul.

El eco del grillo viaja por el jardín y despierta a una flor de pétalos blancos y pesados. Al abrirse, la flor suelta un suspiro que suena a viento entre las hojas.

Dilo se acerca y nota que el aire alrededor de la flor es tibio y huele a miel fría.

La flor vibra suavemente, lanzando al aire un zumbido bajo y constante: fiuuu.

Es un sonido tan sedoso, piensa Dilo, sintiendo que sus articulaciones se vuelven más ligeras.

Guarda el silbido junto al latido del grillo y su pecho empieza a brillar con una luz suave.

El robot sentado junto a un estanque turquesa escuchando a una rana redonda.

Con el latido y el silbido guardados, Dilo llega a la orilla de un estanque que brilla como un espejo. Allí, una rana redonda descansa sobre una hoja de loto turquesa.

La rana lo mira con ojos grandes y exhala un bostezo profundo que hace burbujas en el agua.

Dilo se sienta a su lado y escucha el último sonido: un croac lento y grave que retumba en el suelo.

Es la nota final, la que le da peso y calma a todo lo demás.

Dilo cierra sus escotillas y mezcla los tres sonidos en su interior con mucho cuidado.

El robot blanco plegado como una cajita durmiendo bajo una gran hoja.

Ahora que tiene la melodía completa, Dilo se acurruca bajo una hoja grande que lo protege del rocío. Su antena amarilla parpadea una última vez antes de atenuarse.

La canción empieza a salir de su pecho en un susurro: el latido, el silbido y el bostezo se vuelven uno solo.

El jardín entero se queda en silencio para escuchar la música del pequeño robot.

Dilo encoge sus piernas turquesas y esconde su cabeza hasta parecer una caja blanca y lisa.

Shhh.

El pequeño robot se queda inmóvil y en silencio, soñando con engranajes de algodón.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?