Era de noche. La luna brillaba suave. Atleta, un calcetín de deporte, estaba solo en la lavandería. Miraba las estrellas. Atleta quería una aventura. ¿Qué hizo Atleta? Se deslizó. ¡Sliiiiz! Se movió por el suelo, muy, muy suave.
Un calcetín aventurero guarda los sueños de juego para los niños.
Era de noche. La luna brillaba suave. Atleta, un calcetín de deporte, estaba solo en la lavandería. Miraba las estrellas. Atleta quería una aventura. ¿Qué hizo Atleta? Se deslizó. ¡Sliiiiz! Se movió por el suelo, muy, muy suave.
Atleta seguía deslizándose. ¡Sliiiiz-z! Él sentía algo pequeño. ¿Qué sentía Atleta? Pequeños sueños deportivos. Eran como chispas suaves. Una chispa era un gol imaginario. Otra era un salto alto. Atleta los guardaba. —¿Qué serán estas luces? —se preguntó, curioso.
Atleta se sentía lleno de luces. ¡Sliiiiz-z-z! Su barriga estaba calentita. ¿Para quién eran? Para los niños. Eran sus sueños de jugar. Atleta guardaba los sueños. Así, al despertar, los niños estarían listos para jugar. Atleta, el calcetín, sonreía bajo la luna.
¿Qué aventura leemos ahora?
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