¡Ven aquí, explorador! Mira ese pequeño bulto dorado que brilla entre las hojas de la ceiba.
Parece un pompón de lana olvidado por alguien, pero tiene vida propia.
Toca con cuidado tu propia mejilla; así de suave es el pelaje de este pequeño amigo.
¡Mira!
Se está moviendo justo ahora.